Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Escuchar y Ayunar. La Cuaresma como tiempo de Conversión
miércoles 18 de febrero de 2026, 17:03h
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
En el Mensaje para la Cuaresma 2026, León XIV escribe: “La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.
Y continúa: “el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”.
El Papa se centra en dos verbos: escuchar y ayunar. En primer lugar, llama la atención “sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”.
Cuando Dios se revela a Moisés, le dice que ha visto la opresión del pueblo y ha escuchado sus gritos de dolor. De modo que “la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”. La escucha de la Sagrada Escritura nos hace “capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta”.
León XIV cita a Benedicto XVI: “no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”. Y continúa escribiendo: “En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que "sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana"”.
En el Mensaje encontramos una propuesta concreta de abstinencia: “abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”. Y concretamente: “Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara