Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Actitud de búsqueda
miércoles 10 de junio de 2026, 12:47h
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
Muchas personas viven en medio de grandes dudas, pero con íntimo y sincero deseo de alcanzar la verdad. Comienzan itinerarios, realizan iniciativas, tantean experiencias, escuchan, preguntan, leen, buscan. Sienten una interior inquietud y terminan por encontrar insatisfacción y desorientación. Viajan de un lado a otro y reconocen que han transitado por sendas perdidas.
San Agustín escribió: “Ahora comprendo la necesidad de volver a ti; ábreme la puerta, porque estoy llamando; enséñame el camino para llegar hasta ti. Sólo tengo voluntad; sé que lo caduco y transitorio debe despreciarse para ir en pos de lo seguro y eterno. Esto hago, Padre, porque esto sólo sé y todavía no conozco el camino que lleva hasta ti. Enséñamelo tú, muéstramelo tú, dame tú la fuerza para el viaje. Si con la fe llegan a ti los que te buscan, no me niegues la fe; si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, dame la ciencia. Aumenta en mí la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad” (Soliloquios I,1,5).
Perseverar humildemente en una constante actitud de búsqueda y elevar la mirada del corazón en un gesto de sencilla oración son los pasos más adecuados para percibir que no solamente cuenta desear el encuentro con el Señor, sino que es preciso percibir que es Él quien toma la iniciativa y llama a nuestra puerta. Él nos dice: “Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).
San Agustín también dejó para la historia estas palabras fundamentales: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti” (Confesiones X, 27).
San Agustín también reconoció: “Dios está por encima de lo más alto que hay en mí y está en lo más hondo de mi intimidad” (Confesiones III,6,11).
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara