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Joshua Bell y su Stradivarius de cuatro millones de dólares inauguran la temporada de Ibermúsica

Joshua Bell y su Stradivarius de cuatro millones de dólares inauguran la temporada de Ibermúsica

Lo hará junto a la NDR Elbphilharmonie Orchester Hamburgo con la Fantasía escocesa de Max Bruch el 26 de octubre

Por REDACCION
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redaccionguadanewses/9/9/19
jueves 14 de octubre de 2021, 12:59h

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Considerado por muchos como el mejor violinista del mundo, el estadounidense Joshua Bell inaugurará la nueva temporada de música clásica de Ibermúsica. Lo hará interpretando la emotiva Fantasía escocesa para violín y orquesta en Mi bemol Mayor, op.46 de Max Bruch, una obra que domina con maestría, acompañado por la NDR de la Filarmónica del Elba bajo la dirección de Alan Gilbert, director titular de la agrupación. Será el próximo 26 de octubre a las 19:30 en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

En la segunda parte del programa la formación alemana ofrecerá la "Romántica" de Anton Bruckner, Cuarta Sinfonía de uno de los compositores predilectos de Alan Gilbert: “hay pocos compositores cuyas obras podría dirigir hasta el último de mis días y sentirme un músico plenamente satisfecho: él es uno de ellos.”

Tras una breve temporada 2019-20 que el maldito covid redujo a menos de la mitad y unos pocos conciertos extraordinarios antes del verano de 2021, Ibermúsica reanuda por fin con toda potencia esta nueva temporada 2021-22 y lo hace, como nos tiene acostumbrados en sus más de 50 años de buena música, a lo grande. Ibermúsica sigue apostando por las mejores orquestas de todo el mundo en una temporada que supone un reto pero en la que más que nunca, necesitamos reencontrarnos con la música al más alto nivel internacional: la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín, la Filarmónica de San Petersburgo, la Staatskapelle Berlín, la Orquesta Sinfónica de Radio Viena, la Philharmonia Orchestra, la Filarmónica della Scala, la Orchestre de la Suisse Romande o la Orquesta di Santa Cecilia de Roma. Serán dirigidas por las batutas más sobresalientes como Daniel Barenboim, Marin Alsop, Riccardo Chailly, Alan Gilbert, Gustavo Gimeno, Vladimir Jurowski, Jonathan Nott, Sir Antonio Pappano, Vladimir Spivakov, y Yuri Temirkanov. Y por supuesto, con los más destacados solistas

Una historia truculenta

Buen ejemplo de todo lo dicho es el concierto inaugural mencionado. El genial Joshua Bell interpretará la “Escocesa” de Bruch con el ya mítico Huberman Stradivarius de 1713, protagonista de una extraña historia de robos, disfraces y secretos confesados en el lecho de muerte. El violín pertenecía al virtuoso polaco Bronislaw Huberman (de quien recibe su nombre) pero le fue robado un triste 28 de febrero de 1936, el músico falleció en 1947 sin haber podido recuperar su violín. Mientras tanto, en Nueva York, un mediocre violinista llamado Julian Altman sobrevivía como integrante de la sección de cuerda de algunas orquestas locales llevando siempre bajo el brazo su violín, siempre cubierto de una capa de grasa oscura que olía a betún de zapatos. En 1985 Altman cayó gravemente enfermo y en el lecho de muerte, confesó el robo a su esposa por presiones de su madre, quien estaba convencida de que su hijo no había conseguido triunfar en la música por no tener un violín a la altura de su talento. Tras algunos líos con la aseguradora, Joshua Bell consiguió reunir a tiempo el dinero suficiente para comprarlo. Se estima que su valor es de unos cuatro millones de dólares. Pero de nada sirve un buen instrumentos sin unas manos que lo sepan acariciar y Bell tiene esas manos... y el talento necesario.

Como muchos compositores, Max Bruch quedó cautivado tanto por la idea como por el sonido de la música folclórica y ello se hace evidente en su Fantasía escocesa para violín y orquesta. Bruch escribió su Fantasía escocesa en 1880 para el violinista Pablo Sarasate, quien dio la primera interpretación en septiembre del mismo año. Para su material temático se basó en una antología de seiscientas canciones populares escocesas. En los últimos años, Scottish Fantasy se ha convertido en una de las actuaciones favoritas de Bell. Su afecto por la pieza es profundo, con una buena razón: “La familia de mi padre era de Escocia, y crecí escuchando historias sobre cómo mi bisabuelo y mi tatarabuelo lucharon en Black Watch en Escocia. Mi padre estaba orgulloso de su herencia escocesa, y esta conexión hace que las melodías de la fantasía escocesa de Bruch sean aún más significativas para mí ". Y añade: “Es una de las piezas más hermosas y conmovedoras que conozco, y con una orquestación muy brillante. Es un 'concierto' único, que no sigue la forma tradicional de tres movimientos. Cada uno de sus cuatro movimientos cuenta una historia".

Buen organista pero compositor desconocido

Durante su vida, Bruckner inicialmente disfrutó solo de la reputación de ser uno de los mejores virtuosos de órgano de su tiempo. Para su reconocimiento como compositor, tuvo que luchar laboriosamente contra él. Durante muchos años, sus sinfonías no se tomaron en serio, su creador fue considerado un outsider inoportuno. En febrero de 1881, la Filarmónica de Viena comenzó a ensayar una sinfonía diferente a cualquier otra que hubieran tocado antes. Esta obra expansiva poseía una grandeza mítica y una belleza ideal, combinando melodías líricas schubertianas, intensas armonías wagnerianas y clímax atronadores como órganos. Aunque era la cuarta sinfonía de Anton Bruckner, la mayoría de los músicos habían escuchado poco o nada de su música. Aunque los críticos permanecieron divididos, el público respondió con entusiasmo y los músicos de la Filarmónica se dieron cuenta de que Bruckner era uno de los principales compositores de su tiempo.

Aunque sus últimos años estuvieron marcados por un éxito cada vez mayor, una apreciación seria del trabajo de Bruckner no tuvo lugar hasta el siglo XX. Bruckner es, junto con Brahms y Wagner, el compositor de finales del siglo XIX, cuya obra fue probablemente la más importante para el desarrollo posterior de la música occidental.

50 años de buena música

Ibermúsica fue fundada por Alfonso Aijón en 1970, quien se propuso traer a España las mejores agrupaciones sinfónicas del mundo. Desde entonces Ibermúsica, ha evolucionado en concordancia con los tiempos conservando la calidad artística, el rigor y la pasión por el arte y la música. La institución ha trabajado durante cerca de 50 años y la relación de artistas que han debutado en España de la mano de Ibermúsica es dilatadísima, gracias a la profesionalidad que ha sido consigna de esta casa. Asimismo, gracias a Ibermúsica se han estrenado en España numerosas obras de compositores tan relevantes como Stravinsky o Shostakovich.

De la mano de Llorenç Caballero, actual Director General de la compañía, Ibermúsica sigue apostando por traer a nuestro país la mejor música con los mejores directores, solistas y orquestas del mundo en Madrid.

Quienes estén interesados en adquirir localidades, aún hay disponibles en: www.entradasinaem.es; tel.: 902 22 49 49 o directamente en las taquillas del Auditorio Nacional de Música.

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