Editorial
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
Hay quien pasa por la vida dejando huella sin levantar la voz. Otros prefieren pasar como un elefante por una cacharrería. Si hablamos del alcalde de Guadalajara, no tenemos más remedio que quedarnos con la primera opción. Hace poco más de dos meses en estas líneas titulabamos El hombre que cumplía su palabra.
Por aquel entonces Román acababa de poner en marcha su promesa de gratuidad en el transporte público para jubilados, menores de 25 años y familias numerosas. Ahora la promesa quedará para las generaciones venideras. El antiguo ferial ya es una enorme zona verde en la que los alcarreños pueden disfrutar de su tiempo de ocio. Prosiguiendo en la línea de otorgar una utilidad tangible a las obras para el esparcimiento ciudadano, bajo el parque encontramos un aparcamiento para más de 400 vehículos. Una obra que sin duda permanecerá en la memoria colectiva como la más grandiosa de la primera legislatura de Román al frente de Guadalajara. Luchó contra viento y marea para llevarse las ferias a un nuevo emplazamiento como había prometido en su programa electoral. Ahora todos le dan la razón. Otros dicen que hacen. Y no sólo lo dicen, lo difunden en revistas a cuenta del bolsillo del contribuyente. Esa ha sido la última ocurrencia de aquellos que alardean con pólvora ajena. Hay dos formas de gobernar y en Guadalajara, por desgracia, lo comprobamos día a día. ◆