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España brava

Cómo está el toreo. El uro y el euro

Cómo está el toreo. El uro y el euro

En vísperas de las ferias de Valencia y Castellón, con los carteles de Sevilla ya colgados, conviene pegarle un repaso al toreo para comprobar cómo está el sector.

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h

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Cómo está el toreo. El uro y el euro
Apesar del éxito rotundo en el plano artístico, no podemos obviar la mala entrada sin paliativos del primer cartel. Con El Juli, Manzanares y Talavante, en un área metropolitana de seis millones de habitantes, se quedó la mitad del aforo sin vender. El del domingo, con Morante como máximo reclamo, y con toros de Cuvillo, llenó tres cuartos de plaza.

Esta mesa con ruedas tiene cuatro patas: el espectador o aficionado, el torero, el toro y la empresa. La comunicación deberían ser las ruedas.

El aficionado enfrenta una penuria económica y una falta de tiempo tangibles que le obligan a ser muy selectivo ante la oferta que se le propone. A ochenta euros (13.360 pts.) el tendido, cuesta convencer a la pareja o amigo para todo un fin de semana y un desembolso de 320 €, sin contar transporte, aparcamiento y -si no hay comida, sobremesa o tertulia postcorrida-, al menos un café, copa o refresco. Además, a Casillas lo conoce hasta mi prima, que no es aficionada al fútbol, y los toreros, si descontamos a los mediáticos que torean más en los platós mama-chicho que en las plazas, no se prodigan mucho en medios para hacerse más populares.

La publicitación y comunicación de los eventos es responsabilidad de las empresas. Pero también de sus protagonistas. El taurino se queja del alejamiento de una sociedad cada día más urbanita, ¿pero hace él lo suficiente por acercarse a la misma?
Días antes de la feria de Vistalegre hablé con amigos que son afines a la tauromaquia y admiran su esencia. Muchos de ellos desconocían su programación.

Está claro que el campo, los tentaderos y el recogimiento son necesarios para el torero en el ejercicio de tan dura profesión. Pero la promoción es hoy en día parte ineludible de toda actividad profesional. Nuestro más célebre corredor de Fórmula Uno, Fernando Alonso, gana un dineral cada temporada. Y dedica -por contrato-, un ochenta por ciento de su tiempo a la promoción de su producto. ¿Demasiado?
Es una cuestión de equilibrio. Si el precio de las entradas es caro y aleja a un sector del público, los cachés que cobran las figuras del toreo son elevados, los ganaderos enfrentan cada día mayores costes de producción (sanidad y alimentación) y los pliegos de licitación de las plazas se convierten en subastas para aspirar a un más que probable descalabro económico -véase el caso de la plaza de toros de Guadalajara-, con unas imposiciones a todas luces excesivas, son lógicas la deserción de ofertas empresariales, el recorte de festejos, la eliminación de explotaciones ganaderas y la alarma que cunde en los despachos, entre los toreros y en el campo. En este contexto, la necesaria promoción ve paradójicamente mermado su presupuesto.

Pero volvamos a Vistalegre y a su primer festejo, con un encierro de Garcigrande deseado y peleado por todos los toreros hasta el punto de convertir el
cierre de la programación de los dos días en un auténtico quebradero de cabeza para la empresa. Los terciados y nobles juampedros del ganadero de Salamanca serán del gusto de los diestros, pero el espectador espera ver a los maestros con otros toros. Sin llegar a las fieras corrupias intoreables que a la postre sólo propician soporíferos espectáculos, sí por lo menos animales con más hechuras de bravo y mayor transmisión.

Con eso y con todo, disfrutamos con el poderío y la inspiración de un Juli que se supera cada día a sí mismo, confirmamos que lo de Talavante en México no había sido un sueño y, con un Manzanares en proceso de recuperación, nos rendimos ante la evidencia de lo extremadamente difícil que es el toreo.

La corrida de Núñez del Cuvillo, siendo también bastante terciada, nos acercó a la emoción de la mejor bravura. La naturalidad trabajada de Morante, su mágica expresión y su forma de absorber las embestidas de los toros en la panza de las telas, con un valor y una portentosa técnica envueltos en el halo genial de su arte, colmaron las ganas de toros de los diez mil espectadores presentes. El toreo fundamental convertido en arte excelso, el adorno artístico convertido en toreo fundamental. Tras su demostración, el esfuerzo de El Cid, a pesar de las orejas, no tomó el vuelo deseado. Es lo que tiene salir a torear con el de La Puebla al lado. A Juan Mora, cariñosamente acogido, se le reconoció su sincera voluntad en el empeño.

Echamos de menos en Vistalegre al lesionado Castella y a un Perera que no llegó a sustituirle por desacuerdo económico entre las partes.

Hoy por hoy, mientras planifica su regreso el monstruo de Galapagar, Morante y El Juli son cabeza de cartel. José Tomás llena y es, con el sevillano, el único que provoca viajar para verlo. El madrileño es un torero único que no hay que perderse, pero precisa de mejor promoción.

En el escalafón de matadores, en el de rejoneadores y en el de novilleros hay grandes figuras. Hay muy buenos toreros, hay toros y hay afición. Y los festejos taurinos populares gozan de buena salud. Pero no nos engañemos. Como decía un reconocido ingeniero industrial: “sobran las ideas, pero escasean los medios”.

Por eso, y porque no cabe caer en inútiles derrotismos, hay que felicitarse por las iniciativas emprendidas por los toreros en el traslado de competencias taurinas al Ministerio de Cultura. Hay que dar la bienvenida al ambicioso canal de televisión temático que “el plus” pone en marcha este miércoles, dando mayor visibilidad a la fiesta a nivel planetario; ilusionar e implicar a los aficionados; defender el recorte de pliegos de adjudicación de plazas excesivos y alentar y apoyar sin fisuras la ILP promovida por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña para lograr entre todos que la fiesta de los toros, además de ser declarada Bien de Interés Cultural, sea reconocida y tratada por políticos y empresas como lo que es: una expresión cultural sin parangón y una pieza importante en el motor del turismo -nuestra primera fuente de ingresos a nivel nacional-.

Toca una más fluida comunicación entre las cuatro patas de la mesa para sostener los platos y que estos no queden vacíos hoy y mañana. Y poner la muleta al toro de la crisis con cabeza y con determinación, muy de verdad, planchada y hacia delante.

El mejor ejemplo empieza por uno mismo.

Texto: Carlos Arévalo Nonclercq
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