Tribuna Abierta.- Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara
La fe es amiga de la razón
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
En algunos ámbitos de la sociedad actual está muy extendida la convicción de que sólo son admisibles aquellas cosas que son demostrables científicamente. Partiendo de esta visión de la realidad, habría que llegar a la conclusión de que la religión y las convicciones religiosas no tienen sentido, puesto que serían incompatibles con la razón y con los descubrimientos científicos. Quienes sostienen que sólo existe aquello que es demostrable científicamente, seguramente no se han parado a pensar que la razón humana tiene distintos usos y, por tanto, lo irracional sería reducirla a un solo uso. Lo que no se ajusta a la razón científica o la supera no es irracional, pues todos sabemos muy bien que existen distintas dimensiones de la persona, en las que nos jugamos el presente y el futuro de la existencia, para las que no habría respuestas convincentes al no ser demostrables con argumentos científicos. SIGUE
Además, si reducimos la actividad de la razón humana solamente a los conocimientos científicos, nos veríamos obligados a relegar a un segundo plano el conocimiento ordinario. Y, sin embargo, este tipo de conocimiento nos dice que el conocimiento científico tiene muy poca importancia cuando se trata de responder a las preguntas últimas de la existencia humana, como pueden ser el sentido de la vida, el porqué de la muerte y el más allá de la existencia terrena.
La experiencia nos dice que las respuestas convincentes a estas preguntas, que todo ser humano tiene que plantearse en algún momento de la existencia, sólo pueden encontrarse en las creencias y en las experiencias religiosas vividas por cada uno a lo largo de la vida. Estas convicciones de fe pueden no ser demostrables científicamente, pero considero que esto no debe preocuparnos demasiado pues la ciencia sólo puede responder al “cómo” de las cosas, pero no la “porqué” de las mismas.
De acuerdo con lo dicho hasta aquí, queda claro que la persona no debe cesar de buscar respuestas racionales a los problemas e interrogantes que la vida le plantea. Pero, al hacerlo, ha de tener muy presente que la fe no es ningún obstáculo a la hora de encontrar respuestas a estos interrogantes. Al contrario, la fe estimula e impulsa a la razón a plantearse las cuestiones más profundas que afectan al sentido último de la existencia humana.
En estos momentos, en los que tantas personas están descubriendo las maravillas arquitectónicas del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, resulta especialmente elocuente el testimonio del arquitecto Gaudí. Cuando sus colaboradores le preguntaron si quería que se presentase la virtud de la fe con los ojos abiertos o cerrados, él, desde la hondura de sus convicciones religiosas, respondió: “Dejadla con los ojos abiertos. La fe no nos impide pensar, eleva nuestra inteligencia y nos invita a utilizarla”.
Con mi bendición, pido al Señor que nos ayude a todos a descubrir la complementariedad entre la fe y la razón para profundizar en el conocimiento de Dios.
Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
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Últimos comentarios de los lectores (1)
1432 | Fernando Jabonero - 03/10/2012 @ 15:00:56 (GMT+1)
¡Sea bienvenida esta carta semanal de nuestro Obispo! No cabe duda de la fe del Obispo. En los tiempos que corren se atreve, simplemente, a poner como elemento de reflexión la siempre correosa relación entre fe y ciencia. No están mal las argumentaciones de nuestro hermano Obispo. Vaya por delante que quien suscribe es católico. El razonamiento es simplemente buenista, pero no es un razonamiento. La ciencia se ocupa de lo sensible, como si dijeramos de lo que que se puede medir. No se puede ocupar de lo inmaterial por definición así que no puede dar conclusiones sobre lo inmaterial, digamos que sobre las cosas del espíritu. Pero también ocurre lo contrario: nada avala que la ciencia no pueda decir, por ejemplo, que Dios no existe ni que existe. Es cierto que determinados logros del ser humano, como es el caso del templo de la Sagrada Familia, pueden ser evocadores de algo superior, pero sólo eso sin que sea científicamente legítimo llegar a conclusiones más alla del ámbito de las sensaciones. Me da que a la Iglesia le queda un pequeño paso por dar, recordando a Neil Armstrong. Simplemente reconocer que para creer hay que tener fe, lo cual es circular y redundante y por tanto científicamente irrelevante, que por lo general la fe adquirida lo es por la educación recibida - lo que justificaría la batalla que la Iglesia da en relación a la enseñanza de la Religión Católica en las escuelas - y que se debe ser humilde, y en todo caso comprensivo, en relación a los que no tienen fe o la han perdido. Adelante, Obispo. ¡Qué suerte ha tenido esta Diócesis!
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