Edmund Burke y el Americanismo
Con Averroes comencé una trilogía de la actualidad de grandes pensadores, muy pausada por el presentismo periodístico. Es ahora el turno de un pensador dieciochesco, Edmund Burke, tan relevante por su acerada crítica de la revolución francesa, como por su Americanismo, cuando se cumple el 250º aniversario de la independencia de los EE.UU.
miércoles 08 de julio de 2026, 12:56h
Cuando empecé a estudiar a Edmund Burke, con 18/19 años, la mítica de la revolución francesa, a la que él puso -con razón- de vuelta y media, en sus Reflexiones, hizo que sus múltiples epígonos, le tildaran de “reaccionario”, pero mi intuición, que suele acertar, decía que no. Siempre estaré agradecido al Maestro Luis Díez del Corral, por aceptar dirigirme una tesis de grado sobre el pensamiento de Burke, en la que conté con la inestimable ayuda de sus sucesores en la Cátedra de Historia de las Ideas Políticas, Dalmacio Negro Pavón y Joaquín Abellán. Lo trabajé, con 21 años, en el University College y el Trinity College de Dublín, y la fastuosa biblioteca del British Museum de Londres. Terminé el trabajo con 22 y mi intuición confirmada.
Pero Burke -a quien doy la mano a través de los siglos, igual que a Averroes- era un grande de verdad, de vida honesta, protestante de profunda fe católica, por vía materna, diputado de los Comunes, en la bancada de (¡oh sorpresa!) los “Old Whigs” y que, como amante incondicional de la Justicia, apoyó tanto a los católicos irlandeses, frente a las leyes penales anticatólicas, como a las colonias de Norteamérica, en su independencia frente a la opresión de Jorge III y su camarilla Tory, porque era Jorge III quien, con el impuesto sobre el té, la obligación de alojar en sus casas a tropas británicas, y otras barbaridades más, había roto el pacto colonial, que mantenía unido a un gran Imperio; de ahí que Burke, con obvio pesar, reconociera a los colonos el derecho de sedición y a la ulterior secesión. En su discurso “On Conciliation with Colonies” (1774) les dijo: “Nosotros no os llamamos traidores ni rebeldes. Nosotros no pedimos la venganza de la Corona en contra vuestra. No podemos tampoco calificar con nombres odiosos e indignos a millones de nuestros compatriotas, que luchan con un solo corazón para que se les admita en el goce de los privilegios que, como siempre hemos pensado, constituyen nuestra felicidad y honor. Al contrario, reverenciamos profundamente los principios que os mueven, aunque lamentamos algunos de sus efectos. Armados como estáis, os abrazamos como amigos y como hermanos, con los que mantenemos los mejores y más entrañables vínculos familiares”.
A partir de ahí se construyó una gran Nación, sobre la que no puedo sentir más que admiración y respeto, en especial porque, a pesar de la brutal ofensiva woke de nuestros tiempos, parece dispuesta a conservar su identidad, que es también nuestra, por mucho que nosotros no hayamos sabido preservar la propia; pero en los EE.UU. de hoy, la identidad procedente del Virreinato de la Nueva España (¿saben personajillos como Sheinbaum, lo que es?), abarca el 30% del territorio de una potencia en expansión, un espacio de extensión equivalente a la que tenía USA, en su independencia, en 1776. Me siento ciudadano de España y de las Españas e Indias, y por eso también ciudadano americano. En el norte supieron construir una gran Nación, y más al sur, y en este lado del charco, no lo hemos sabido hacer. Las Españas decimonónicas y actuales, casi siempre encumbraron a mediocres de solemnidad, quienes antes incluso, quisieron humillar al mismísimo Blas de Lezo. España apoyó la independencia USA, más que Francia, y un genio político, el Conde de Aranda, viendo la potencia que acababa de emerger, pidió sin éxito a Carlos III, poner a infantes de la Corona al frente de los Virreinatos y darles la independencia.
EE.UU., orgulloso de Burke y de sus Padres Fundadores, pugna por conservar la identidad de Occidente; al revés de lo que pasa en esta Europa en autodestrucción. Eso es el Americanismo, del que muchos nos sentimos partícipes, pues también es Occidentalismo. Con esta idea se ha creado The Edmund Burke European Society for Americanism. Abreviado TEBESA. Suena bien.
Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.