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Pastrana. 25 de enero de 2026. Pastrana, cuyos cerros amanecían ayer blancos de nieve, vivió durante los últimos días de enero uno de esos fines de semana en los que el calendario deja de ser una sucesión de fechas y se convierte en memoria compartida. Las fiestas de San Antón y San Sebastián, que abren cada año el ciclo festivo de la villa ducal, concluyeron ayer con una participación masiva en la comida popular de migas y gachas y con la celebración de la Ronda de los Quintos, declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial, en una jornada donde el pueblo se explicó a sí mismo a través de la música, la cocina y el encuentro.
La festividad de San Sebastián había comenzado días antes con la misa y la procesión en honor a uno de los dos patronos que tiene Pastrana -junto a Teresa de Jesús-. Esta celebración, documentada desde hace más de tres siglos, mantiene su lugar en la identidad local. En torno a ese marco religioso, el Ayuntamiento y los vecinos eligieron, como es tradición, el fin de semana más cercano para concentrar los actos populares y garantizar la asistencia de quienes viven fuera y regresan estos días a Pastrana.
La cocina como punto de encuentro
El sábado al mediodía, la gastronomía ocupó el centro de la celebración. La comida popular de migas y gachas, elaboradas al estilo pastranero, reunió a un millar de personas. La previsión de bajas temperaturas y posibles nevadas -que luego se cumplía- obligó a trasladar la cita al interior del convento de San Francisco, donde se habilitó la nave principal para mantener el ritual de cada año. Allí se sirvieron más de mil raciones de un menú que incluyó gachas, migas, chorizo, pan, naranja y vino, preparados con 120 kilos de miga seca, 65 kilos de harina de almortas, 1.200 chorizos y decenas de kilos de panceta, en un esfuerzo logístico que comenzó desde primera hora de la mañana.
Detrás de los calderos y las sartenes se mezclaron la experiencia y el relevo generacional. La Asociación de Jubilados volvió a ser el fuego y la sabiduría de la cocina, acompañada por un grupo creciente de jóvenes que aprenden observando y ayudando. Entre los primeros estaba Román Vereda, pastranero de 85 años, o de 21, según se mire, puesto que cumple años cada 29 de febrero. Román ha dedicado su vida profesional a la alta cocina, sin perder nunca el vínculo con su pueblo. Él mismo resumía el sentido de la jornada cuando explicaba que “esto si se deja se pierde” y que, por eso, “estamos aquí colaborando unos con otros para que esto siga funcionando”. Un año más, este pastranero, que cocinó en su día para la reina Fabiola y el rey Balduino, de Bélgica, siguió haciéndolo, junto a sus compañeros y amigos de toda la vida, para los vecinos y visitantes de Pastrana. A su lado, Samuel García Ranera representaba ese aprendizaje silencioso que asegura continuidad, pinche hoy para poder enseñar mañana lo que otros enseñaron antes.
Quienes se sentaron a la mesa en la gran nave del convento, que había sido dispuesta para que los pastraneros se agruparan por familias y amistades, confirmaron el valor cotidiano de estos platos. Las gachas y las migas, que forman parte del menú pastranero durante todo el invierno, se compartieron como se hace siempre, sin solemnidades añadidas. Salceda León, vecina y buena conocedora de la receta, resumía la opinión general cuando afirmaba que estaban “ricas, ricas, ricas” y que “cuanto más frío hace, mejor vienen las gachas”. Andrés García, su marido y otro de los comensales, añadía que “los cocineros son todos del pueblo y lo hacen muy bien”. De fondo, mientras lo contaban, se escuchaban las coplas de los Dulzaineros de Guadalajara, asiduos a la fiesta.
El alcalde de Pastrana, Carlos Largo, destacó el trabajo colectivo que sostiene la celebración y el papel del Ayuntamiento en el mantenimiento de las tradiciones. “Desde las nueve de la mañana, los voluntarios, los veteranos y los más jóvenes, han estado aquí con temperaturas bajo cero trabajando para que ahora veamos este ambiente disfrutando la gente de las gachas y las migas” explicaba, y añadía que mantener las tradiciones es “hacer justicia a los antepasados y, al mismo tiempo, darle vida a un pueblo”. Largo subrayó también el trabajo del equipo municipal, de los operarios y del personal de limpieza, así como la implicación de los concejales Daniel Cano y Sergio Fuente en la organización de una jornada que exigió coordinación y adaptación.
Once nombres y una ronda
Ya entrada la noche, la música tomó las calles. A las diez, la Ronda de los Quintos inició su recorrido, comenzando, como marca la costumbre, en la casa del alcalde, a unos pocos metros del Ayuntamiento de Pastrana. Once jóvenes, cinco mujeres y seis hombres, los quintos y quintas de 2026, recibieron a la rondalla en sus casas mientras jotas y seguidillas recorrían el casco histórico. Clara Payeras, Carlos Ntondo, Roberto Moreno, María Pérez, Aníbal Cano, Nuria Elizabeth De Diego, Águeda Tripiana, Diego Gómez, Antonio Kwapong, Julián López, Ismael Pintor y Miguel Gumiel fueron los protagonistas de una noche que simboliza el paso a la edad adulta con la acogida de toda la comunidad.
La ronda avanzó casa por casa siguiendo el orden acordado, entre coplas tradicionales y letras adaptadas a los nombres y apellidos de los quintos y de sus familias. En cada parada hubo bollos, caldo caliente, chocolate o un trago de aguardiente para quienes cantaban y acompañaban. Miguel Gumiel y Aníbal Cano resumían el sentir del grupo al explicar que llevaban esperando este día “desde pequeños”, y que querían seguir con la tradición que habían vivido en casa, con sus padres y abuelos. Para ellos, Pastrana es “paisaje y gente”, y un lugar al que siempre se vuelve porque “lo llevamos en la sangre”.
Carlos Largo recordaba también su propia experiencia como quinto y señalaba que, aunque las formas hayan cambiado desde los años en que solo rondaban los jóvenes que iban a hacer el servicio militar, la identidad de la ronda permanece intacta. “Se cantan seguidillas y jotas dedicadas a los quintos, a sus padres y abuelos y a Pastrana misma”, contaba, destacando el orgullo que siente por idiosincrasia “un pueblo pequeño en tamaño pero grande en tradiciones”, y con una destacada vida musical, con banda, coral, rondalla y dulzaineros como señas reconocibles a lo largo del calendario festivo de todo el año.
La Ronda de los Quintos se prolongó hasta bien entrada la madrugada, desafiando el frío y confirmando una vez más la vigencia de un rito que Pastrana ha sabido conservar sin congelarlo. La música, la cocina y la participación vecinal cerraron así unas fiestas de San Antón y San Sebastián que, año tras año, siguen marcando el inicio del calendario con la misma naturalidad con la que se comparte un plato caliente o una copla a la puerta de casa.