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IA, Robótica y Fin del Trabajo : Un Mundo para la Élite

IA, Robótica y Fin del Trabajo : Un Mundo para la Élite

No diré hoy nada que antes no apuntara en mi libro “Derecho e Inteligencia Artificial. De la robótica a lo posthumano” (2020) y que previamente, aunque por parciales, insinuaron otros, como Jeremy Rifkin, en su profecía sobre “El Fin del Trabajo” (1995), o Martin Ford, en “El Auge de los Robots” (2015), con su visión distópica sobre el Tecnofeudalismo.

Por Emilio Suñé Llinás
jueves 30 de abril de 2026, 20:36h

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Me resistí a creer que Rifkin pudiera tener razón en sus vaticinios sobre el fin del trabajo, que no me parecían sino una versión postmoderna -descriptiva y no destructiva- del luddismo de la Iª Revolución Industrial, cuando los trabajadores rompían los telares movidos por caballos de vapor, porque “les quitaban el trabajo”. Pero el trabajo permaneció. Nacieron otras profesiones, para nuevos mundos, con posibilidades antes inimaginables, al tiempo que se sustituían tareas manuales a medida que se mecanizaban, por trabajos que incorporaban más componente intelectual.

Pero la evolución de la IA desde los primigenios sistemas expertos, que requerían de ingeniería del conocimiento humana, hasta los sistemas de hoy, basados en redes neuronales, que son capaces de pensar y hasta de aprender por sí mismos, sustituyen ya el trabajo humano inteligente, en una dinámica que no tiene límites. La IA no se hizo para igualar la inteligencia humana, sino para superarla ampliamente, cosa que ya vemos hoy con asombro. Y asociada a la robótica, su capacidad no sólo de pensar, sino también de trabajar, tampoco tiene límites.

¿Es posible un mundo sin trabajo humano? Sí. Y va a ser pronto un hecho, no un juicio, ni una opinión. Ahí es donde Rifkin (1995) engarza con M. Ford (2015), pues ambos perciben que todo el trabajo, antes humano, se convertirá en capital (IA+robótica) y eso implica que la riqueza se concentrará en los dueños del capital, frente a unos siervos empobrecidos. Como él dice: “En un proceso perverso de creación destructiva, las industrias que abastecen al mercado masivo y actualmente impulsan nuestra economía, serían sustituidas por nuevas industrias que producirían bienes y servicios de alto valor destinados exclusivamente a los muy ricos. La gran mayoría de la humanidad sería efectivamente privada de sus derechos (…). La plutocracia viviría aislada en comunidades amuralladas o en ciudades selectas, acaso resguardadas por robots y aviones militares no tripulados. En otras palabras, veríamos el retorno a algo similar al sistema feudal que predominó en la Edad Media”. La diferencia del tecno feudalismo con el medieval, es que entonces los siervos de la gleba eran necesarios y ahora serían prescindibles.

Este futuro distópico no es en absoluto descartable. La total conversión del trabajo en capital, conduce a un cambio económico mucho mayor, que el operado entre feudalismo y capitalismo. Y no es un tránsito al ilusorio jardín de Edén marxista, sino a todo lo contrario, a una alianza de poderosos, sea cual fuere el origen de su poder, que preparan ese Edén sólo para ellos. Da igual que su poder sea económico, mediático, religioso, o se base en el absoluto control estatal, característico del comunismo. Son ellos (cuatro) contra los demás (nosotros).

Es el plan de la sarcástica “nueva izquierda”, dirigida por gente como Soros o Larry Fink (BlackRock y Davos), con lacayos como Sánchez, Kamala, o Von der Leyen. Su lema es: “poder y riqueza absoluta para nosotros y comunismo para los demás”. Eso mientras nos necesiten para trabajar. Cuando no, llegará “la solución final”. Por eso reducen la población, impulsando todas las variantes del sexo no reproductivo, y destruyen la idea de libertad, arraigada en el Occidente judeo-cristiano. De ahí sus políticas de “open borders”, que además incrementan la oferta de mano de obra, con la caída de los salarios reales, y por supuesto el renacer de la judeofobia y la marginación de la religión cristiana. La Democracia, al ser opinión pública, no es ya más que un juguete en manos de los dueños de los grandes grupos multimedia. Por supuesto, todo adobado con el ecologismo de espantajo que nos venden y sólo sirve para que ellos monten su “Edén para cuatro”. Al fondo, el fenómeno posthumano, que va mucho más allá de lo anterior, pero del que hablaré otro día.

Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.
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