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El Cambio Tecnológico : Primer motor del Cambio Social

El Cambio Tecnológico : Primer motor del Cambio Social

Hace años, en una entrevista que me hizo el diario La Patria de Manizales (Colombia), publicada el 21/06/1998, me preguntaron por la importancia del Derecho Informático. Lo expliqué a partir de los tres factores del cambio social descritos en los manuales de Sociología, los de carácter ambiental, los de índole social stricto sensu y los tecnológicos.

Por Emilio Suñé Llinás
jueves 23 de abril de 2026, 18:56h

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Lejos de equipararlos, introduje un vector temporal en su importancia relativa. Al principio, los grandes cambios sociales habrían sido promovidos por los dos primeros factores. En épocas remotas pesaban mucho las circunstancias ambientales, con hambrunas y las consiguientes invasiones, pues con su escasa capacidad de generar tecnología, el ser humano estaba a merced de los designios de la naturaleza. Después se entraría en una era donde el cambio social procedía más de factores voluntarios, de carácter psico-social y político. Fueron las épocas en que se asentaron los movimientos ecuménicos, primero de las religiones más universales y después el tiempo de las grandes revoluciones políticas, como la Revolución Francesa, o la Revolución Soviética. Pero a día de hoy, el factor más importante del cambio social, sería ya el tecnológico.

En una reflexión posterior concluí que el vector primordial de dicho cambio social, y por ende político, ha sido siempre el tecnológico. Hoy se destaca -y no lo suficiente- la importancia del cambio tecnológico, por la velocidad extrema del desarrollo tecnológico en la sociedad de la información, las comunicaciones y el conocimiento. Es visible lo que está sucediendo. El mundo cambia a ojos vista, porque la tecnología también cambia a ojos vista. Pero cuando contemplamos la Historia de la humanidad con perspectiva, reaparece el factor tecnológico, como primer motor del cambio social, desde siempre, incluidas las épocas más remotas.

El tránsito entre la Prehistoria y la Historia se establece en la escritura. ¿Y qué es la escritura sino una forma de estabilización del conocimiento, que permite un progreso sostenido? Las palabras ya no se las lleva el viento. No hay que fiar las cosas a la sabiduría, por experiencia y también por memoria, de los ancianos. Si damos un paso más e ingresamos en la Prehistoria, con la división entre la Edad de Piedra y la Edad de los Metales, ¿qué estamos describiendo, sino una evolución tecnológica? Y lo mismo vemos en la división interna de la Edad de los Metales, entre la Edad del Bronce y la del hierro. ¿Sucede lo mismo en épocas menos remotas?

El inicio de la Edad Moderna se cifra en el descubrimiento de América, pero ello fue posible por los grandes cambios tecnológicos operados en el Renacimiento, bien por la invención, bien por el perfeccionamiento, de instrumentos como la brújula, el sextante y el astrolabio, o la creación de barcos aptos para la navegación transoceánica a vela, como la carabela, o la nao. Hay una clara correlación entre los cambios tecnológicos y los puntos de inflexión históricos a gran escala. Lo mismo cabe decir del ingreso en la Edad Contemporánea, que ya está también superada, pero nos falta aún perspectiva para fijar la postcontemporánea Edad Global, en un evento concreto. En todo caso, la Edad Contemporánea tuvo como fecha de inicio la Revolución Francesa, pero también cabría fijarla en la Iª Revolución Industrial, cuyo hecho más notorio, es el perfeccionamiento, por James Watt, de la máquina de vapor de Newcomen, en 1776.

La gran revolución que hoy ha transformado el mundo en un espacio global se halla en la telemática, o unión de las telecomunicaciones con el fenómeno rupturista de la informática, que se desarrolló casi un siglo después, desde la IIª Guerra Mundial, hasta generar el universo del Internet civil en los 90, que ha creado una Cibersociedad global, en la cual se sitúan la economía -desde la financiera hasta la comercial-, y los demás los ámbitos de la convivencia. De las implicaciones revolucionarias del fenómeno en nuestros días, hablaré en un próximo artículo.

Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.
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