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“El último concierto de Viena”, la música mientras el horror avanza
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“El último concierto de Viena”, la música mientras el horror avanza

martes 27 de enero de 2026, 20:20h

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El último concierto de Viena no es una novela sobre un concierto, sino sobre todo lo que una sociedad es capaz de seguir haciendo cuando la barbarie ya forma parte del paisaje. El título remite al célebre concierto de Año Nuevo en Viena, pero ese momento no ocupa un lugar central en el relato hasta prácticamente su desenlace. Antes de llegar ahí, la novela propone algo más ambicioso y, también, más incómodo: un retrato minucioso de la sociedad alemana entre 1935 y 1945, observada desde dentro, sin simplificaciones morales ni reconstrucciones tranquilizadoras del pasado. Ese es el territorio narrativo que explora Martín Llade (San Sebastián, 1976) en esta novela inspirada en una historia real.

La acción se despliega a lo largo de una década crucial, desde el verano de 1935 hasta enero de 1945, y transcurre por distintos escenarios —Viena, Salzburgo, Múnich, Berlín, Fráncfort o Leipzig— siguiendo los desplazamientos profesionales del director de orquesta Clemens Krauss. Este itinerario no es casual: la novela no utiliza las ciudades como mero decorado, sino como expresión de una Alemania cultural que continúa funcionando, programando conciertos y sosteniendo su prestigio artístico mientras el régimen nazi consolida su maquinaria política, jurídica y racial.

Uno de los grandes aciertos del libro es su atención al contexto social y psicológico del periodo de preguerra y guerra. No hay aquí una narración centrada exclusivamente en la persecución judía desde el punto de vista de las víctimas, sino una exploración, más compleja y menos frecuente, de quienes, desde posiciones privilegiadas o ambiguas, vivieron, colaboraron, callaron… y, en algunos casos, ayudaron. La novela refleja con notable precisión ese espacio moral intermedio que hoy sabemos que existió: personas que, sin formar parte de una resistencia organizada, ayudaron a judíos a huir, a esconderse o a salir de territorios sometidos a las Leyes de Núremberg, asumiendo riesgos reales, pero sin romper de inmediato con el sistema.

En ese sentido, la construcción psicológica de Clemens Krauss es uno de los puntos más sólidos de la obra. No estamos ante un héroe desde la primera página ni ante un cómplice consciente del régimen. Krauss aparece como lo que son la mayoría de las personas reales: un individuo formado en una determinada cultura, con lealtades, miedos y contradicciones. Durante buena parte del libro, ayuda a salvar vidas mientras vive esa ayuda como una forma de traición al Reich y a Hitler, interiorizando el conflicto moral que el régimen había logrado implantar incluso en quienes actuaban contra él. Solo en la parte final de la novela se produce un desplazamiento claro, cuando Krauss asume conscientemente el riesgo y termina situándose, ya sin ambigüedad, del lado de quienes resisten, incluso poniendo en peligro su propia vida.

El ritmo narrativo acompaña bien esta evolución. La novela mantiene un suspense constante, más psicológico que argumental, que puede parecer contenido o incluso lento en su primera mitad. Sin embargo, esa cadencia responde a una decisión narrativa coherente: el libro reproduce la sensación de normalidad progresiva, de espera y de aplazamiento de decisiones que caracterizó a aquellos años. Es solo en el tramo final cuando la narración se acelera y el lector comprende que todo lo anterior funcionaba como una preparación silenciosa para ese desenlace.

El último concierto de Viena opera así como cierre simbólico, no como eje narrativo. No es el centro del relato, sino su culminación: el punto en el que cultura, política, miedo y responsabilidad moral convergen definitivamente. Llegar hasta ahí sin convertirlo en un recurso efectista es, precisamente, uno de los méritos de la novela.

El último concierto de Viena no es una novela de juicios morales ni de héroes retrospectivos. Es, más bien, un espejo incómodo que refleja cómo una sociedad culta, refinada y musical convivió durante años con un sistema criminal, y cómo algunas personas, desde dentro de ese sistema, fueron capaces de actuar contra él sin dejar de sentirse parte de él. Esa tensión (histórica, psicológica y moral) es lo que da profundidad a la obra y la convierte en una lectura valiosa, especialmente en un tiempo en el que la tentación de simplificar el pasado sigue siendo muy fuerte.

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