Fernando Bermejo Batanero presentó en Trillo su libro “Los molinos de Río Cifuentes”
Lo hizo flanqueado por Daniel Martínez, director de Telecomunicaciones de la Junta de Comunidades; Antonio Batanero, arqueólogo; y Francisco Moreno Muñoz, alcalde de Trillo
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REDACCION
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redaccionguadanewses/9/9/19
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
El profesor Fernando Bermejo Batanero presentó hace unos días en la Casa de la Cultura de Trillo su libro: “Los Molinos del Río Cifuentes”, un documento histórico y científico “intachable”, como aseveró el arqueólogo Antonio Batanero, que lo acompañó en la presentación junto a Daniel Martínez Batanero, director de telecomunicaciones de la Junta de Comunidades y cifontino de nacimiento, y a Francisco Moreno, alcalde de Trillo. SIGUE
Se dio la curiosa circunstancia de que todos los intervinientes, en uno u otro grado, cuentan entre sus apellidos el “Batanero”, especialmente ligado a las corrientes del río Cifuentes y al pasado molinero de la comarca, incluido el propio alcalde de Trillo, para quien es su tercer apellido. Prologado por el regidor, intervino en primer lugar Martínez. “Cuando ocasionalmente he presentado un libro ha sido por producirse una de las siguientes circunstancias: especial proximidad intelectual y emocional con su contenido, que la presentación tuviese lugar en un entorno físico y humano familiar con mi propia biografía y experiencias vitales, pudiendo contextualizar la contribución de la obra más allá de las frías generalidades técnicas o la imposibilidad, por amistad o admiración, de negarle la petición de presentar el libro a su autor. Esta es la primera vez que se me presentan no una, sino las tres condiciones, empezando fundamentalmente por la última, al compartir con el autor, Fernando Bermejo Batanero, mucho más que el segundo apellido, que inunda Trillo, Cifuentes y también los Gárgoles, sino también el ahínco, hasta la vehemencia, por potenciar esta comarca y construir en ella un futuro común moderno y prometedor a partir de todo lo bueno que tenemos y de las lecciones aprendidas del pasado", expuso.
Por su parte, Antonio Batanero, además de prologar el libro y ensalzarlo como de lectura obligada en su intervención, no sólo para los lugareños, sino para cualquier persona interesada en la historia, trajo y mostró diversos objetos relacionados con la molienda a lo largo de la historia, todos rescatados en yacimientos arqueológicos cercanos, aprovechando así la ocasión para profundizar en la materia. Por último, el alcalde de Trillo ensalzó la calidad humana y científica del autor, “que recientemente nos ilustró con un magnífico curso universitario de verano sobre la Paz de Utrecht”.
El autor, con el mismo talante comarcal con el que siempre conduce todo aquello que hace, se refirió, al igual que hace en el libro a todos los molinos existentes en el río Cifuentes “por ser éste un río que vertebra toda una comarca, y que une gentes y pueblos, pueblos que antes de concluir el siglo XII, ya se erigían en sus emplazamientos actuales bajo la jurisdicción comunal de Atienza”.
Los Molinos del Cifuentes
Poco después, en una magnífica presentación, Bermejo Batanero explicó las clases de molinos que hubo en la comarca desde la Baja Edad Media y sus mecanismos, los ubicó geográfica e históricamente el territorio, para después detenerse, comenzando por el nacimiento del Cifuentes y terminando por su desembocadura en el Tajo, en los molinos que transformaron el grano del cereal en harina, aunque “también hubo martineteros que trabajaron el cobre, almazareros que producían aceite de oliva trabajando las almazaras del río, bataneros que conseguían unos tejidos mucho más tupidos gracias a la fuerza de la corriente de las aguas de nuestro río”, expuso.
El río Cifuentes recorre sus apenas diez kilómetros por la comarca histórica de la Alcarria Alta dentro de la provincia de Guadalajara, y en este trayecto salva un desnivel de unos 160 metros, que es la diferencia de altitud que hay entre los 901 metros sobre el nivel del mar que hay en Cifuentes y los 734 que tiene Trillo. Normalmente transcurre de manera tranquila aunque en algunos tramos salva el desnivel formando unas bonitos saltos de agua, como los que hay dentro del término de Gárgoles de Arriba en la finca conocida hoy como de las Cascadas. El río Cifuentes es de escaso recorrido hasta su desembocadura en el Tajo y se caracteriza por su pronunciado desnivel, cuenta a lo largo de su trayecto con un total de 12 saltos, en los cuales antiguamente existía en cada uno de ellos un molino.
Según su tipología los molinos hidráulicos se clasifican, dependiendo como tenían instaladas la rueda de agua, en “horizontales” y “verticales”. Los horizontales pueden ser considerados los más antiguos y presentan menor complejidad técnica. Se subdividen a su vez en “molinos de rodezno” si recibían el golpe de agua conducida hasta él directamente en sus cucharas que les impulsaba en un sentido de rotación que transmitía al eje sobre el que se asentaba la piedra corredora; y en “molinos de rodete sumergido” en los que la corriente de agua era orientada para impulsar las aspas del rodete que permanecía completamente bajo la corriente de agua que era encauzada sobre uno de sus lados, imprimiéndoles un movimiento de giro.
Los molinos verticales son técnicamente más evolucionados, la fuerza motriz se transmite a la muela mediante un mecanismo de engranajes, estando la rueda colocada en un plano vertical o perpendicular a la corriente y unida a un eje horizontal. Los molinos de rueda vertical inician su instalación a mediados del siglo X, produciéndose posteriormente un progresivo cambio de los molinos horizontales por los verticales.
Respecto al río Cifuentes, a pesar que los restos arqueológicos de molinos de épocas antiguas no permiten corroborar que fueran de uno u otro tipo si podemos indicar que en mayor medida los molinos que se levantan en él son los conocidos como molinos de rodeznos y tenían entre una y tres piedras. En lo que respecta a la construcción de sus edificios son de planta rectangular a base de mampostería de baja calidad, alzados de tapial o sillería según su importancia económica, puerta adintelada, escasas y pequeñas ventanas de ventilación, arco semicircular en la base para facilitar la salida del agua, sala de molienda, donde se localiza la solera y volandera, cubierta a dos aguas, distribuidos en una o dos alturas, bóveda o socavo donde se instala los rodeznos y el paso del agua. El caudal de agua se regula construyendo un caz y socaz, represa, balsas, caídas de agua para facilitar el giro de los rodeznos.
“El amor que sentimos todos por nuestra tierra y por nuestro río en la actualidad ya lo tenían los cifontinos en el siglo XVI, cuando las autoridades de la Villa en las Relaciones Topográficas de los pueblos de España de Felipe II concretamente en la décimo octava tratan de la excelente calidad de las abundantes aguas de su río y apunta a la gran calidad de sus moliendas, llegando a definirlas como las mejores de España porque aunque llueva mucho no hay crecientes y aunque no llueva jamás falta el agua. Estas relaciones nos muestran una información interesante, aunque algo escueta, informándo que había en el río Cifuentes tres molinos harineros; uno en Cifuentes, otro en Gárgoles de Abajo y otro en Trillo con tres ruedas”, expuso el profesor.