Lo posthumano en un mundo distópico
Completaré aquí una trilogía tecnológica, iniciada con el papel central de la misma en el cambio social, seguida de la actual confabulación de las élites contra la gente, que culmina hoy en la aspiración posthumana de esas mismas élites. Hablar de eso es ya demasiado atrevido. Evitaré pues escribir de la relación entre tecnología y división sexual del trabajo.
jueves 07 de mayo de 2026, 18:40h
En el verano de 1986 desintoxiqué del tedioso trabajo de opositor, escribiendo una colección de 364 pensamientos, agrupados en 52 temas semanales que, con el título Xenias, publiqué en 1992 y reedité en 2000. La obra terminaba con una composición en 7 estrofas, el “Himno al Nuevo Cosmos”, donde me refería al fenómeno posthumano, encriptado en poesía.
¿Cómo podría alguien escribir, a las claras, en el oscurantista mundo universitario, del país de la envidia -“lejos de nos, Señor, la funesta manía de pensar”-, sobre cuestiones que apuntan incluso a la inmortalidad? Y hacerlo mucho antes de que se escribiera el Manifiesto Posthumanista de 2003, e incluso la Declaración Transhumanista de 1998. Lo transhumano alude a la capacidad de potenciar, mediante la tecnología (biológica, o IA+robótica) las capacidades humanas -tema relacionado con los neuroderechos-, y lo posthumano supone un paso más, que conduce a la superación evolutiva, por idénticos medios tecnológicos, del homo sapiens. Son cuestiones que encierran evidentes peligros, que podrían acarrear profundas consecuencias antihumanísticas, por eso nunca hablo de “transhumanismo y posthumanismo”. Prefiero expresiones más neutras.
Cuando estas cuestiones dejaron de verse como ciencia-ficción, después del año 2000, en los foros científicos se inició el debate sobre la cuestión de la inmortalidad. En la del cuerpo, ello se hizo evidente con la clonación de la oveja Dolly en 1996, que abría las puertas a la clonación humana, aunque se sabía desde tiempo atrás que esto sucedería, pues la clonación se inició con ranas, a principios de los 50. Por eso me lo planteé en tiempos que aún se consideraba ciencia-ficción. Hoy es una evidencia, porque biológicamente son mucho más parecidos dos mamíferos, como una oveja y un humano, que un mamífero y un anfibio. De todos modos, el gran problema no es la réplica del propio cuerpo, sino el trasvase de la información cerebral: “yo soy yo y mis circunstancias”.
No es fácil de resolver, pero es resoluble, aunque no se sepa la técnica ni plazos concretos. La interacción entre el sistema nervioso y las TIC, podría ser una vía. De hecho, ya hay invidentes, por seccionamiento del nervio óptico, que “a bulto” pueden ver, con tecnología TIC hoy disponible. Bostrom (2014) planteó el mind uploading, subir la mente a un ordenador. Si algo así se consiguiera, qué problema habría en el mind reloading, en un clon de uno mismo?
Todo esto lo sabe la élite. No lo duden. En los debates han participado, desde tiempo atrás, personajes como Elon Musk, o Bill Gates. El problema es que, como dije en el anterior artículo, la élite labora para ella, no para nosotros. Y lo que veo es que salvo excepciones, como Trump, y acaso el propio Musk, trabajan aliados coyunturalmente entre sí, contra nosotros, la gente del común. Si además de crearse su propio jardín de Edén, en una economía postcapitalista, que no necesite de siervos humanos, pueden aspirar a la inmortalidad “sólo para ellos”, qué le faltaría a la psicopatología de los tiranos para creerse dioses? Yo fui el primero que planteó este tema -como otros varios-, encriptado como poesía, en el “Himno al Nuevo Cosmos”. Lunes: “Vida que has ganado sobre la vida;- ser complejo que destruiste la muerte,- dueño del cielo, dueño de tu mundo,- te acompañe la suerte”. Sin ignorar los problemas éticos que habría que resolver. Jueves: “Somos los que podemos existir - y muy difícil no fue saber quiénes: - ¡bestias no!, sólo espíritus egregios,- que no codicien bienes”. Pero si nada ni nadie lo remedia, son las bestias depredadoras, quienes están al mando. No desespero de que pueda abrirse un debate humanista sobre el tema. Si no cupiera, y lograsen sus objetivos, sólo les deseo que no puedan desactivar el Golem, y una mente posthumana reemplace a una especie fracasada, por el ansia de poder.
Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.