La Columna de Economía de Arturo García
Crisis de liderazgo político
Lo que hay que decidir ahora mismo es lo que tendríamos que haber decidido hace varios años. Si queremos estar en el Euro o no. Nunca jamás hubo ningún debate público sobre esta materia. Fue un hecho sobrevenido.
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
Tanto Italia como España han alcanzado el 7% de interés en sus bonos decenales. Este es el punto en el que se considera que un país no puede aguantar de manera sostenida la refinanciación de su deuda. No tiene por qué ser así exactamente, pero es lo que se considera, y con eso basta. El Fondo que se “aprobó” en la cumbre europea de hace tres semanas sigue sin estar aprobado formalmente, ni definido su funcionamiento. Además, difícilmente hay dinero para “rescatar” a Italia y España conjuntamente. Hace un par de días Merkel (Alemania) se vió con Cameron (U.K.). Ambos tienen pensamientos diferentes de la Unión Europea (UE) y más diferentes aún de la Unión Monetaria Europea (UME). El primer ministro británico suficiente hizo con parar la petición de un referéndum en su país en el que se quería preguntar si los ciudadanos británicos querían salirse de la UE (no del Euro, en el que nunca entraron). SIGUE
Si el referéndum se hubiese llevado a cabo, el resultado habría sido favorable a la salida de U.K. de la Unión Europea, lo que hubiera sido otro dato catastrófico para la UME. En la rueda de prensa conjunta que dieron al final, me ha parecido ver a Merkel con un deje de cansancio. Es posible que David Cameron le haya dicho las verdades del barquero sobre el Euro, sobre los “rescates”, y sobre las pocas posibilidades de que esto termine bien. Además, si Alemania quiere que U.K. contribuya a pagar la resaca del Euro con un impuesto sobre las transacciones financieras, muy probablemente no consiga que en Londres se aplique.Londres no tiene por qué pagar los fallos de otros con un impuesto que recaería de manera mucho más gravosa sobre sí que sobre el resto de países, dada la configuración de esta ciudad como uno de los centros financieros mundiales, muy por delante de cualquier otra ciudad europea (Berlín, París, etc.).
Lo que hay que decidir ahora mismo es lo que tendríamos que haber decidido hace varios años. Si queremos estar en el Euro o no. Nunca jamás hubo ningún debate público sobre esta materia. Fue un hecho sobrevenido.
Pues bien, cada día tenemos la decisión de continuar en la UME o no encima de la mesa, pero es una decisión que viene adulterada puesto que ya estamos dentro. No podemos decidir lo que queramos sin más, sino que tenemos que lidiar con las consecuencias que ya estamos padeciendo. En cualquier caso, se puede resumir brevemente de la siguiente manera: si queremos estar en la UME, debemos tener una economía que funcione como la alemana. Si no queremos estar, debemos ir pensando en salirnos del Euro.
Tanto lo uno como lo otro tiene unos costes que nadie los querría para sí, pero son los que son, y nos los vamos a tragar con patatas. Ya no tenemos las opciones que nos daba el manejo de nuestra política monetaria, porque nuestros políticos renunciaron a ella. Antes podíamos devaluar la peseta progresivamente y manejar nuestros tipos de interés para recuperar la competitividad perdida por otros lados (con cuidado y con sus riesgos, por supuesto).
Escribo esto un día antes de las elecciones generales, por lo que no sé quién será el ganador. El Gobierno que salga de las urnas (o el que se forme con pactos a posteriori) tendrá la responsabilidad de responder a esa pregunta de nuevo.
Escoja una u otra respuesta, los pasos a seguir son los mismos, porque lo que no podemos hacer es quebrar ni salirnos del Euro en la situación actual (lo primero no tendría que implicar lo segundo, pero ya es suficientemente malo en sí). El próximo gobierno debe poner en marcha unas medidas de austeridad que serán llanto y crujir de dientes, mientras hace encaje de bolillos para intentar que tengan el menor efecto negativo sobre la economía.