Cátedra Emilio Suñé

Zapatero, Sánchez y la Regresión a 1936

Emilio Suñé Llinás | Jueves 21 de mayo de 2026
Si algo detesto en política es el sectarismo. Me siento “hijo de la reconciliación nacional”, que sin duda fue la mayor virtud de la Transición. Soy nieto de dos víctimas de la guerra civil, cada una de un bando distinto. Un abuelo, Salvador Suñé, fue encarcelado años por el franquismo, por ser de izquierdas, sin más, y el otro, Emili Llinàs, Alcalde por el Partido Radical, fue asesinado por la FAI, junto con su primo Miquel Bancells, de Estat Català.

Y sin embargo mis padres se enamoraron, se casaron sin ningún problema por parte de familia alguna, al punto de que mi padrino Salvador, al que le tocaba serlo, por costumbre catalana, con la potestad de elegir mi nombre, tuvo la infinita generosidad de ponerme el del abuelo del otro bando, porque, con su muerte, corrió peor suerte que él. Quizás con eso se entienda mi aversión a los partidismos, que en el caso de los sectarismos, es absoluta. En la España de la Transición siempre hubo mucho más sectarismo -y no sólo político- del que se reconoce, pero con mayor o menor grado de disimulo, hasta que llegó un personaje de tan escaso CI como ZP (hay que ser cortito para poner de testaferros de sociedades instrumentales a tus propias hijas) y su Ley de Memoria Histórica (2007) que pretendió reescribirla resucitando el guerracivilismo, en el que abundó la Ley de Memoria Democrática (2022) de Sánchez, quien no es corto, pero sí un cínico patológico e inmoral, con su política de trincheras, de enemigos, y no de competidores.

Si bien nos fijamos, han conseguido su objetivo, el de la regresión a 1936, que afortunadamente, por las circunstancias del presente, muy distintas de aquéllas, no es fácil que redunde en un enfrentamiento fratricida, pero sí en una fractura gravísima de la convivencia, que en el caso de que Sánchez no consiga su objetivo de impedir la alternancia, inherente a la democracia, sí le va a dejar unas cuantas bombas de relojería a cualquiera que le suceda en un país destrozado por la corrupción. No es que los demás sean inocentes, porque en sociedades corruptas y fracturadas, hay pocos; pero al menos, hay aún partidos que no son directamente destructivos, que es a lo que el electorado debiera aspirar, si él mismo no ha sido engullido por la corrupción.

Si alguien cree que apoyar a Sánchez, que es el epicentro de la corrupción -todo lo que le rodea está en la cárcel, o a un paso de entrar- le va a salir gratis, se equivoca. En eso también regresan las semejanzas con1936, en su caso, con el Frente Popular. Los bolivarianos, o podemitas de todos los colores, son comunistas, y el comunismo nunca triunfa por sus méritos -no tiene ninguno-, sino por la generación del caos. Ya se sabe, a río revuelto… La bolivariana ERC siempre tuvo 2 almas, la de Estat Català, que era la de Macià, y la izquierda extrema de Companys, que es la que predomina hoy. Por eso Estat Català se desmarcó del Frente Popular, y el pobre Miquel Bancells -que era quien dio la conferencia en el Tívoli- fue asesinado, junto con mi abuelo. Iban a por Bancells (25 años). Mi abuelo (44) le defendió y lo pagó con su vida.

El tándem bolivariano Rufián-Junqueras ha dejado claro que correrá la suerte de Sánchez, pues allá ellos. El actual Junts es más Estat Català que la Convergència de Pujol, con la consiguiente indefinición ideológica, en todo lo que no es independentismo. Por eso, al igual que en 1936, se desmarca sin desmarcarse, y al igual que en 1936, eso tiene malos augurios, porque al jugar a la ambigüedad ideológica, cada día se identifica menos con el centro-derecha que representaba CDC, lo que ha facilitado que por la derecha independentista, le haya salido un fuerte competidor, en la Aliança Catalana de Silvia Orriols. O Junts regresa claramente al centro-derecha y se desmarca de Sánchez, o lo va a pasar muy mal. Y el PNV, que no estuvo, pero finalmente compartió suerte con el Frente Popular, tampoco tiene buenos augurios ante la pujanza de Bildu; pero ya se sabe, el PNV de hoy es una agencia de colocaciones, más que otra cosa. Los padres ya están colocados y acaso sólo esperen que los hijos se coloquen en Bildu.

Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.

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