OPINIÓN

Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Todos oramos por todos

Miércoles 22 de abril de 2026
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.

“Todos oramos por todos” es el lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas, que celebramos el IV Domingo de Pascua, día del Buen Pastor.

“Nadie camina solo. Toda llamada se descubre en la Iglesia y para la Iglesia; toda vocación es un don para el bien de todos. Por eso necesitamos comunidades que sepan escuchar, acompañar y proponer; familias y parroquias donde sea normal preguntarse: "Señor, ¿qué quieres de mí?"” (Monición de entrada. Subsidio litúrgico).

En el Mensaje para esta Jornada, León XIV destaca cuatro aspectos:

1) El camino de la belleza: “(Jesús) Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: "Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza"”.

Es necesario cuidar la interioridad como espacio de relación con Jesús: “Dicha relación se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad”.

2) Conocimiento mutuo: “"El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón con su mirada de amor". (…) Dios habita en nuestro corazón; la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama -a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo- y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad”.

3) Confianza: “Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros”.

4) Maduración: “La vocación, (…), no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación”.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara













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