Lunes 05 de enero de 2026
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
Jesús comienza su vida pública al ser bautizado en el Jordán. Juan proclamaba un bautismo de conversión, de arrepentimiento y rectificación de los senderos de la vida. Muchos pecadores, publicanos, soldados, fariseos, saduceos y prostitutas acudían a él para hacerse bautizar. Entre ellos se presenta Jesús. Sorprende que el Hijo de Dios acepte ser bautizado por un inferior. Por ello, Juan intentaba disuadirlo diciéndole: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”. Juan no puede bautizar al más fuerte, al portador del Espíritu y al que bautizará con fuego.
Jesús responde a la objeción del Bautista con una frase central en san Mateo: “Conviene que así cumplamos toda justicia”. El evangelista repite en su obra siete veces la palabra “justicia”. Aquí “justicia” significa una exigencia que hay que cumplir, la voluntad divina en su globalidad. “Toda justicia” equivale a “todo lo que es justo”. Jesús, obediente a la voluntad del Padre se convierte en el modelo y ejemplar de todos los cristianos.
Según muchos autores, Jesús acude a Juan para enseñarnos la humildad. Jesús es presentado como ejemplo de obediencia y humildad. Su conducta tiene un significado fundamental. Quiere cumplir, llevar a la práctica, realizar a la perfección la voluntad del Padre.
En el bautismo de Jesús aparece la Trinidad: en la voz del Padre, en la obediencia del Hijo y en la unción del Espíritu Santo.
La apertura de los cielos (“se abrieron los cielos”) subraya que el bautismo no fue una visión, sino un acontecimiento palpable. El descenso del Espíritu Santo significa que Jesús es ungido como Mesías, es decir, que recibe el poder, la sabiduría y la santidad para desempeñar esta función.
La proclamación de la filiación divina (“Este es mi Hijo amado”) no acontece con vistas a Jesús, que es Hijo de Dios desde la eternidad, sino con vistas a los demás: Juan el Bautista, la masa del pueblo y la comunidad cristiana. El Hijo del Padre es obediente y sumiso a su voluntad. A la obediencia de Jesús responde el Padre con su proclamación.
La singularidad de Jesús consiste en su obediencia perfecta. En el Evangelio según san Mateo, el camino de Cristo lleva a la perfección. Se trata de un camino que sigue las exigencias de una justicia superior. En este camino, Jesús precede a los discípulos.
La experiencia de Dios se une con la obediencia práctica, sencilla de la vida cotidiana.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
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