OPINIÓN

Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : El efecto ser humano

REDACCION | Miércoles 31 de enero de 2024
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.

El papa Francisco, en la encíclica Laudato si` afirma que san Francisco de Asís “es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad” (LS 10). También escribe en su exhortación apostólica Laudate Deum: “Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos” (LD 5).

Manos Unidas, en la campaña de este año, titulada “El efecto ser humano”, nos recuerda: “el 10 % de la población mundial más rica del planeta consume cerca del 40 % de la energía total, mientras que del 10 % más pobre consume un 2 % de dicha energía. Sin embargo, ese 10 % más rico es el que genera prácticamente la mitad el 48 % de las emisiones de gases de efecto invernadero globales, mientras que el 50 % más pobre es responsable solo del 12 % de esas emisiones”.

Manos Unidas recoge algunos datos significativos: casi la mitad de la población mundial (entre 3.300 y 3.600 millones de personas) “viven en lugares y condiciones de muy alta vulnerabilidad, bien por su propia situación geográfica o porque no disponen de medios para adaptarse a ellas”.

Y se añade: “Las regiones más vulnerables están en África, Asia Meridional y América Central, donde el riesgo de las poblaciones de morir por inundaciones, sequías o fuertes tormentas es quince veces mayor que en el resto del planeta”. Según el papa Francisco, “las convicciones de la fe ofrecen a los cristianos, y en parte también a otros creyentes, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles” (LS 64).

También nos propone: “La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano” (LS 211).

Porque, como afirma la campaña de Manos Unidas, pertenecemos a “la única especie capaz de cambiar el planeta”. La lucha contra el cambio climático tiene su centro en las personas más vulnerables, que son los menos responsables de la crisis medioambiental. Necesitamos cambiar de rumbo para contribuir a resolver las dificultades que menoscaban la dignidad de los más desfavorecidos.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara


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