OPINIÓN

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Día del Seminario

Miércoles 16 de marzo de 2022
Los sacerdotes experimentamos con frecuencia la necesidad de dar gracias a Dios por el don de la vocación sacerdotal y por los años de formación vividos con nuestros compañeros en el Seminario. Gracias al testimonio y a las orientaciones de profesores, formadores, familiares y amigos aprendimos a escuchar la voz del Señor, a descubrir su amor y a vivir nuestra vocación al servicio del Pueblo santo de Dios y de la sociedad.

A pesar de nuestros pecados y deficiencias, los sacerdotes, con la ayuda de la gracia divina y el testimonio de los hermanos, podemos mirar el futuro con esperanza, acompañar a quienes sufren y brindar nuestro servicio a creyentes y no creyentes. Las relaciones fraternas con los hermanos presbíteros y con los restantes miembros del Pueblo de Dios nos estimulan a la construcción de la fraternidad universal.

La vivencia gozosa de nuestra vocación sacerdotal nos recuerda la necesidad de cuidar nuestra vida espiritual y la formación integral, pensando siempre en el acompañamiento espiritual y humano de aquellos jóvenes y adultos que muestran interés por el seguimiento de Jesucristo y que, en ocasiones, están dispuestos a dejarlo todo para seguir al Señor en la vocación al presbiterado o a la vida consagrada.

En nuestra oración y en nuestro corazón debe estar siempre presente la preocupación por el seminario y los seminaristas. Ellos necesitan y esperan contemplar nuestro testimonio creyente y nuestro gozo en el ejercicio del ministerio para formarse como pastores misioneros, para aprender a vivir la fraternidad y para superar el individualismo egoísta que dificulta grandemente en nuestros días la vida comunitaria.

El lema elegido para la celebración del Día del Seminario nos recuerda la necesidad de formar “sacerdotes para el servicio de una Iglesia en camino”. Es una invitación para los seminaristas y para todos los miembros del Pueblo de Dios a poner los ojos en Aquel que nos llama a todos a ser misioneros y a lavar los pies a los demás, pues Él no vino al mundo para ser servido, sino para servir y dar su vida para salvarnos a todos.

En este sentido, sacerdotes, seminaristas y cristianos laicos hemos de asumir con gozo y con profunda alegría que nuestra persona no nos pertenece, sino que pertenece al Señor y a los hermanos. Formamos parte de una Iglesia en salida que, asumiendo el envío por parte del Maestro, tiene que llegar hasta las últimas periferias humanas para anunciar y celebrar la incomparable noticia de la salvación de Dios a todos los hombres.

Al contemplar la disponibilidad de San José en la respuesta al Padre y en el cuidado de la familia de Nazaret, pidámosle que acompañe con su intercesión a los sacerdotes en el ejercicio del ministerio, proteja a los jóvenes que se forman en nuestros seminarios y suscite muchas vocaciones que, imitando su obediencia a la voluntad de Dios, se dispongan a responder a su llamada con prontitud y sin miedo.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día de san José.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara




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