GUADALAJARA

Pan con queso y bollos con chocolate, en el Día de la Colación de Almiruete

Los lugareños han celebrado esta festividad, como fuera costumbre antaño, en honor a la Virgen de los Enebrales, por haberles librado de una epidemia a finales del siglo XVI. La tradición se perdió a mediados del XX, y se recuperó a finales. En la actualidad, se lleva a cabo uno de los primeros fines de semana de mayo, normalmente, el más cercano al día 08 de mayo

REDACCION | Martes 15 de mayo de 2018

Con buen tiempo y buena armonía, los vecinos de Almiruete celebraron, hace unos días, el Día de la Colación, que significa, literalmente, refacción de dulces, pastas y a veces fiambres, con que se obsequia a un huésped o se celebra algún suceso, o que sirve para celebrar los días de ayuno. En Almiruete, ambas acepciones tienen sentido.

Los lugareños comenzaron a guardar este Día de la Colación, siempre el 08 de mayo, parece ser que a consecuencia de haberse librado de una epidemia, posiblemente de peste, que llegó a la comarca a finales del siglo XVI. Los mayores del lugar cuentan que dejó más de un millar de muertos en el Marquesado de Cogolludo y en los pueblos limítrofes. Achacando la gracia de que pasara de largo por el pueblo a Nuestra Señora de los Enebrales, se instauró entonces la costumbre de que saliera una procesión desde Almiruete hasta la Ermita de la Serrana el día 8 de mayo. Era formal, con cruz, estandarte y pendón, y encabezada por las autoridades municipales y eclesiásticas, hasta la conocida como encina de la abuelita. Los almiruetenses la llaman así así porque era el punto más alejado del pueblo al que llegaba el paseo de una anciana. A su sombra, se sentaba para darse un respiro, antes de regresar. Desde allí y hasta un kilómetro de la Ermita, se deshacía, para volver a constituirse, con todo su boato, a la vera de la encina de la letanía. En este caso, el árbol fue así bautizado porque allí se empezaba a cantar y rezar hasta la Ermita, el destino final de la peregrinación.

Ese día, los almiruetenses invitaban a pan con queso, bollos, tortas de chicharrones y madalenas a propios y extraños. Todo lo organizaba una cofradía. Con el tiempo, el Día de la Colación dejó de procesionar hasta la Ermita de la Virgen de los Enebrales, retomándose la celebración en Almiruete. La tradición se perdió a mediados del siglo pasado, y se recuperó a finales, con un formato similar, prácticamente idéntico, al que se lleva a cabo ahora en uno de los primeros sábados de mayo.

La celebración es sencilla y entrañable. Los lugareños lo preparan todo para hornear pan, las magdalenas y las tortas de chicharrones en los días previos. Como cada año, éste también se calentó el Horno del pueblo precioso, con su pared en chaflán curvo y su tejado de pizarra, restaurado por el Ayuntamiento de Tamajón, para que fuera cogiendo temperatura, a lo largo de los días jueves y viernes.

En la mañana del sábado, los almiruetenses madrugaron para encender el Horno y llevar a cabo, entre todos, el lento y laborioso, incluso extenuante, proceso de amasado de los panes, de a kilo cada uno, que se prepara con harina, agua, sal y levadura.

En estos años desde la recuperación, y a base de ensayo y error, los horneros van acercándose al sabor original de los panes de antaño, pero aún no han llegado a la excelencia. “Seguimos los mismos pasos que nuestros mayores, incluida la técnica de fermentación. Lo heñimos como se hacía antes, pasándolo por los cilindros de la máquina que conservamos en Almiruete, pero el proceso se prolonga un poco más de lo que era habitual y el pan no termina de subir tan rápido como lo recordamos de niños. No sabemos si es por las harinas, que no son como las que se utilizaban entonces, de nuestras propias cosechas, o porque no podemos controlar la temperatura del horno exactamente. En todo caso, cada año nos sale un poco mejor y aprendemos algo más”, cuenta Miguel Mata, uno de los veteranos que retomó la costumbre y se la está transmitiendo a las nuevas generaciones.

A eso de la una, el pan estaba cocido, incluidos los 'pipis', una masa con forma de pájaro que luego se les entrega a los niños, las magdalenas vistas, con una magnífica presencia, y las grandes estrellas de la hornada, las cuatro tortas de chicharrones, preparadas para su degustación. Un centenar de lugareños y visitantes compartieron después el pan, los bollos, magdalenas, tortas, chocolate y limonada, como fuera costumbre antaño. A lo largo de la mañana del sábado, con ellos estuvo Eugenio Esteban, alcalde de Tamajón, que una vez más felicitó a los almiruetenses “por su armonía, saber estar, y por haber sabido recuperar el pasado, transmitiéndoselo al futuro: los niños”.

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