OPINIÓN

Carta semanal del obispo : La Salvación Cristiana

Martes 17 de abril de 2018
El pasado día 1 de marzo, la Congregación para la Doctrina de la Fe hacía pública una carta dirigida a los obispos de la Iglesia católica y, más en general, a todos los cristianos. Este documento, que lleva por título “Placuit Deo” (Dispuso Dios), resalta algunos aspectos de la salvación cristiana que pueden ser difíciles de entender en nuestros días debido a las recientes transformaciones culturales.

El citado documento denuncia dos dificultades fundamentales para la comprensión de la salvación cristiana: el “neo-pelagianismo” y el “neo-gnosticismo”.

En el primer caso, el ser humano pretende salvarse a sí mismo con los propios esfuerzos y capacidades, olvidando la dependencia radical de Dios y de sus semejantes. Quienes defienden estos planteamientos, es decir, quienes atribuyen la salvación a las propias fuerzas o a las estructuras humanas, muestran su incapacidad para acoger la novedad y la actuación del Espíritu Santo, que guía a la Iglesia y que actúa en el corazón de cada ser humano.

En el segundo caso, es decir, los nuevos gnósticos defienden una salvación puramente interior, centrada en el subjetivismo.

La salvación del ser humano consistiría en elevarse «con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida». Con este planteamiento, los gnósticos pretenden liberar a la persona del propio cuerpo y del universo material. Ante la incapacidad para descubrir la huella de Dios en todo lo creado, llegan a considerar el cuerpo y el cosmos como realidades sin sentido, ajenas a la identidad del ser humano y, por tanto, manipulables de acuerdo con los propios intereses.

Frente a quienes pretenden salvarse por sus propios esfuerzos y buscan la realización personal en la acumulación de bienes materiales, en el poder de la ciencia o en los desarrollos tecnológicos, la fe cristiana sostiene que la salvación consiste en la comunión de vida y de amor con Jesucristo. Las cosas creadas, regalo de Dios al hombre, no pueden satisfacer plenamente las aspiraciones humanas pues, como ya nos decía San Agustín, la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, está destinada a la comunión con Él, y su corazón permanece inquieto y desorientado hasta que no descansa en Él.

Ante quienes pretenden reproducir planteamientos de antiguas doctrinas gnósticas, la tradición cristiana enseña que la salvación, preparada por Dios en sus relaciones con el pueblo de Israel y realizada en plenitud por Jesucristo, no se fija sólo en la interioridad, sino que abarca a toda la persona. Es la persona completa, cuerpo y alma, creada por Dios a su imagen y semejanza, la que está llamada a salvarse y a vivir en comunión plena con Él y con todos los santos.

La Sagrada Escritura no se limita a anunciar la salvación como respuesta a las expectativas y necesidades del hombre contemporáneo. Si así fuese, la persona podría crear un Dios según sus propias necesidades, olvidando que el ser humano sólo puede realizarse plenamente y encontrar salvación de sus pecados y limitaciones, si Dios mismo lo hace posible.

Dios, que nos ama primero, sale incesantemente a nuestro encuentro para mostrarnos su amor, para ofrecernos su perdón y para regalarnos la salvación, atrayéndonos hacia sí por la acción del Espíritu Santo.

Con mi cordial saludo y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara





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