GUADALAJARA

Latre anima a seguir manteniendo tradiciones como la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos

El presidente de la Diputación Provincial ha estado presente hoy en esta celebración declarada de Interés Turístico Regional junto al alcalde José Luis Bermejo, vecinos, visitantes y resto de autoridades

REDACCION | Domingo 05 de junio de 2016
La localidad de Valverde de los Arroyos ha celebrado hoy la tradicional Octava del Corpus, fiesta declarada de Interés Turístico Regional, que ha atraído a cientos de visitantes hasta esta zona de la Arquitectura Negra enclavada en la Sierra Norte de nuestra provincia. El presidente de la Diputación de Guadalajara, José Manuel Latre, ha asistido a esta fiesta con el alcalde José Luis Bermejo, el resto de la Corporación municipal y los diputados provinciales de Turismo, Jesús Parra, y Centros Comarcales, Octavio Contreras, entre otras autoridades.

Latre ha destacado el apoyo de la Diputación para el mantenimiento de las tradiciones a través también de una línea de ayudas destinada a ayuntamientos y asociaciones para fiestas declaradas de interés turístico. El presidente ha felicitado a todos los participantes de esta fiesta que tiene lugar “en un sitio único tanto por su riqueza cultural como natural y patrimonial”; no en vano, Valverde de los Arroyos pertenece a la asociación de los pueblos más bonitos de España. “La Octava del Corpus supone una representación que guarda un encanto especial con los trajes, sonidos, bailes y actividades”, ha apuntado José Manuel Latre.

Al mismo tiempo, el presidente ha recordado que el próximo domingo día 12 de junio el cupón de la ONCE estará dedicado a Valverde de los Arroyos tal y como se anunció en la Diputación esta misma semana.

Una tradición de más de 400 años
Como ya es habitual desde tiempos inmemoriales, diez días después del Corpus, y siempre en domingo, tiene lugar esta ancestral celebración festiva que tiene como escenario principal las eras de Valverde de los Arroyos, frente a la majestuosa silueta del Pico Ocejón, donde los danzantes, con su peculiar y vistosa vestimenta, y desde hace más de 400 años, ejecutan una serie de danzas en honor del Santísimo.

El rito, inmejorable ejemplo de costumbres antiguas, se interpreta tanto como acción de gracias como de petición de fecundidad para los campos y las bestias. Para los cientos de visitantes, lo que más llama la atención son las vestimentas de los ocho danzantes y la botarga así como las espectaculares danzas y bailes.

Los danzantes visten pantalón blanco, con bordes adornados de puntillas y bordados; el sayolín, una falda hasta las rodillas bordada, y sobre este y a la cintura un gran pañuelo negro, especie de mantón de manila. Sobre el blanco de la camisa, los pañuelos largos, de colores y anudados al cuello; el resto del cuerpo lo cubren con cintas, adornos de pasamanería y las alpargatas; a la cabeza, el canastillo, cubierto de flores de vivos colores y espejuelos, que no se lo quitan para bailar ante el Santísimo, gracias a una bula papal otorgada en el año 1606.

La Botarga, conocido como el Zorra, viste traje de chaqueta de colores chillones, una gorra hecha con triángulos de diferentes telas y colores, rematada por una borla, y en sus manos unos palillos.

Tras la celebración de la misa, se inicia la procesión con el Santísimo escoltado por los danzantes y los miembros de la Cofradía de los Hermanos del Señor, depositaria y encargada de los actos de culto al Señor. Al son del tambor y de las campanas, y tras detenerse en el altar en la Plaza de María Cristina por los cofrades, llega la procesión a las eras donde se ofrece el Santísimo a la Danza de la Cruz.

En el circo formado por los relieves montañosos próximos, el círculo formado por los feligreses y devotos, presidido por la Cruz Procesional y la Custodia bajo el palio portado por los cofrades, el Pendón, el Ramo, las flores y las cintas de colores de los danzantes conforman todo ello una ancestral y única imagen inolvidable, en medio de un entorno paisajístico y natural espectacular, que se viene sucediendo en Valverde de los Arroyos desde tiempos inmemoriales. Acabada la procesión, y de nuevo en la Plaza, se procede a la subasta de las rosquillas del Ramo y se ejecutan nuevos bailes rituales: el Verde, el Cordón, los Molinos y la Serrucha, danzas de paloteo y de cintas, que giran en torno al palo que sostiene la botarga, que actúa como guía de danza y sobre el que se trenzan ocho cintas de diferentes colores.

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