OPINIÓN

Señor ¿Qué mandáis hacer de mí?

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

Si queréis ser verdaderamente libres, no tengáis miedo a vivir y actuar con los criterios de Dios en vez de dejaros arrastrar por los criterios del mundo, que os esclavizan

Lunes 16 de marzo de 2015
En medio del tiempo cuaresmal, la celebración de la Solemnidad de San José, patrono de la Iglesia universal, nos permite contemplar las virtudes del hombre santo, justo y prudente, humilde y servicial, a quien el Señor quiso poner al cuidado de la Santísima Virgen y de Jesús en el hogar de Nazaret.

Esta fiesta de San José, además de contemplarla a la luz del tiempo litúrgico de la Cuaresma, hemos de insertarla también este año en la celebración del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. La Santa de Ávila, admiradora y devota de San José, no sólo atribuye a su intercesión la curación de su enfermedad, sino que pone bajo su custodia toda la obra reformadora del Carmelo Descalzo.

Los sacerdotes, del mismo modo que los demás cristianos, estamos llamados a profundizar cada día en el sentido de nuestra vocación para llevar a cabo con alegría y entrega generosa la misión confiada por el Señor. Por eso, en cada instante de la vida, al buscar y acoger la voluntad de Dios sobre nosotros y sobre el ejercicio del ministerio recibido, como regalo incomparable de la gracia divina, hemos de preguntarnos como hacía Santa Teresa: “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”

Esta misma pregunta debéis hacerla también los seminaristas y los jóvenes que, en distintos momentos de vuestra peregrinación por este mundo, escucháis la llamada del Señor a entregarle totalmente vuestra vida para actuar con total disponibilidad en el servicio a vuestros hermanos. No tengáis miedo a responder con fidelidad y confianza al Señor. Él quiere contar con vosotros para que su misión salvadora alcance a todos los hombres en este momento de la historia. Él siempre os dará las gracias necesarias para la misión y os precederá en la realización de la misma por medio del soplo constante del Espíritu Santo.

Si queréis ser verdaderamente libres, no tengáis miedo a vivir y actuar con los criterios de Dios en vez de dejaros arrastrar por los criterios del mundo, que os esclavizan y os impiden colaborar con Jesucristo para que su amor y salvación lleguen a todos los hombres. Esta entrega de la propia voluntad a la voluntad de Dios es el camino para ganar la vida en plenitud. Por este motivo, el Señor nos recuerda que todos los que dejen lo que son y tienen por Él y por el Evangelio recibirán el ciento por uno en este tiempo y la vida eterna en el mundo venidero.

En la Solemnidad de San José, patrono de la Iglesia y de nuestros seminarios, pidamos a Dios, por su intercesión, que proteja y acompañe la vocación de nuestros seminaristas para que estén siempre dispuestos a vivir con “determinada determinación” la misión que el Señor quiere confiarles.

Oremos también por nuestros jóvenes y adolescentes para que tengan la valentía de pararse a escuchar la voz del Señor, que les invita a colaborar con Él en la extensión del Reino de Dios y en el servicio incondicional a cada ser humano. Dios, que es poderoso, ha querido y quiere contar con nuestras limitaciones para que su amor y salvación lleguen hasta los últimos rincones de la tierra.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día de San José y del Seminario.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara


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