El mundo de hoy, camina hacia una tiranía globalista, porque el poder ha convertido la Democracia en un ritual electoral truculento, en una forma de poder que ha olvidado su fundamento, la libertad, lo único que le da aceptabilidad ciudadana, o legitimidad. Para recuperarla, hay que volver al contrato social de John Locke, que responde a la pregunta de para qué quieren los individuos, naturalmente libres, constituirse en Estado y sociedad.