Cogolludo ha celebrado este fin de semana la festividad de Santa Águeda con una sencilla programación marcada por la tradición, la participación vecinal y el nombramiento como Alcaldesa de Honor de la periodista y abogada Beatriz Talegón, en una edición que volvía a poner en valor el papel histórico de las mujeres en la vida social y cultural de la villa.
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Las Águedas de Cogolludo han vuelto a tomar el mando del municipio en una celebración profundamente arraigada en la historia local y declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en el año 1995. Se trata de una tradición documentada desde finales del siglo XVI que, año tras año, reafirma la vigencia de un rito femenino singular en la provincia y en Castilla-La Mancha.
Este año, la Alcaldesa de Honor ha sido en la periodista y abogada Beatriz Talegón, quien recibió el bastón de mando en el Ayuntamiento de manos de la Alcaldesa Mayor de las Águedas 2026, Elena Soto, en uno de los momentos centrales del fin de semana. “Cuando recibí la llamada de la Asociación de Mujeres de Santa Águeda comunicándome el nombramiento, se me quebró la voz”, afirmaba ayer Talegón.
Los actos comenzaron el viernes con la tradicional víspera, anunciada por el volteo de campanas en la iglesia de Santa María, un sonido otrora revolucionario que históricamente ha marcado el inicio de unos días en los que las mujeres asumen el protagonismo. A pesar de la lluvia y el frío, el calor del ambiente festivo se mantuvo intacto cuando el alcalde de Cogolludo, Juan Alfonso Fraguas, le entregó el bastón de mando a Elena Soto, elegida por sus compañeras de la Asociación Cultural de las Águedas como Alcaldesa Mayor de este 2026. El regidor recordó que esta fiesta “reivindica, como ninguna otra, el empoderamiento de la mujer”, y agradeció a las cogolludenses “su esfuerzo constante por mantener vivas unas tradiciones documentadas desde hace más de cuatro siglos y que aún hoy mantienen plenamente vigente su mensaje”.
Para Elena Soto, asumir el cargo ha supuesto una vivencia intensa, marcada por la responsabilidad y por la calidez de la acogida recibida. Reconocía que los nervios estuvieron presentes al inicio de la celebración, pero que la jornada le permitió disfrutar plenamente de una fiesta que ya guarda como un recuerdo imborrable, que convierte en aún más especial el hecho de no ser nacida ni oriunda de Cogolludo. “Ha sido todo muy bonito, muy divertido, a pesar de que el tiempo no nos ha acompañado, y la demostración plena de nuestra implicación en la sociedad local”, explicaba, subrayando que, una vez pasado el momento más institucional, vivió la celebración de forma mucho más distendida, entre bailes y encuentros que se prolongaron hasta bien entrada la madrugada.
Soto destacaba especialmente la elección de Beatriz Talegón como Alcaldesa de Honor, a quien definió como “una mujer encantadora, que ha hecho piña con todas, sumándose de manera admirable a la tradición como una más”.
El sábado por la mañana, acompañadas por la charanga Los Alcoranes, llegada desde la madrileña localidad de Villarejo de Salvanés, las Águedas acudieron a la sede de la Asociación de Mujeres, donde Beatriz Talegón se vistió con el traje tradicional como Alcaldesa de Honor. Entre cánticos populares transmitidos durante generaciones, como el que dice “buenos días alcaldesa, te venimos a buscar, y a darte la enhorabuena, por tanta solemnidad”, o el que recoge “os damos la bienvenida, al llegar a nuestro pueblo, y que lo paséis muy bien, es ese nuestro deseo”, la comitiva se dirigió al Ayuntamiento. Allí, en el Salón de Plenos, Elena Soto le impuso la banda y le entregó el bastón de mando, formalizando simbólicamente el gobierno femenino de la villa durante la festividad.
En la presentación previa a la intervención de la Alcaldesa de Honor, Soto subrayó que Beatriz Talegón representa “los valores de fuerza, lealtad y valentía que Santa Águeda encarna”. Recordó su formación en Derecho y su trayectoria como periodista, analista política y escritora, presente en foros nacionales e internacionales, pero destacó especialmente su compromiso con las causas sociales, la defensa de la libertad de expresión y “esa garra femenina que no se achanta ante las dificultades”. Con el bastón de mando en la mano, la invitó a compartir durante el día la dirección simbólica de la villa “con orgullo, con alegría y bajo la protección de nuestra Santa”.
Beatriz Talegón tomó la palabra para pronunciar un discurso que entrelazó memoria personal e historia colectiva. Agradeció el reconocimiento recordando que, a veces, la vida dibuja “círculos perfectos que tardan generaciones en cerrarse”. Evocó sus raíces familiares en la Sierra Norte de Guadalajara, mencionando a su bisabuela Emilia Heras, natural de Arbancón, y los vínculos históricos que unen a Arbancón y Cogolludo desde la Reconquista, primero bajo la Orden de Calatrava y más tarde bajo el señorío de los Mendoza y la Casa de Medinaceli.
Al pisar la Plaza Mayor, presidida por el Palacio Ducal, considerado uno de los primeros edificios renacentistas de la Península Ibérica, afirmó no sentirse “como una forastera, sino como una hija que regresa a la casa de sus ancestros”. Definió a Cogolludo como un crisol de memoria y patrimonio, desde los asentamientos prehistóricos hasta el esplendor renacentista impulsado por Luis de la Cerda y materializado por Lorenzo Vázquez de Segovia a finales del siglo XV, con la construcción del que aún hoy es el emblema de Cogolludo.
El eje central de su intervención fue el legado de las mujeres de la villa. Recordó que existen documentos del siglo XVI que acreditan la celebración femenina de Santa Águeda y que, durante más de cuatrocientos años, han sido ellas las guardianas de una tradición que incluso llegó a ser limitada en determinados periodos por la fuerza con la que se vivía. Subrayó también la recuperación de la fiesta tras la Guerra Civil, cuando en 1945 un grupo de mujeres decidió devolverla a la calle, consolidándola hasta alcanzar en 1995 la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional.
Santa Águeda apareció en su discurso como símbolo de dignidad y resistencia, y junto a ella desfilaron mujeres históricas de la provincia de Guadalajara que abrieron camino en distintos ámbitos, desde la Princesa de Éboli hasta Francisca de Pedraza o las grandes figuras femeninas de la Casa de Mendoza. También reivindicó la importancia de la transmisión cultural, recordando su formación en el Conservatorio “Sebastián Durón” y en la Escuela Provincial de Folklore, donde aprendió que al bailar una jota “se baila también la memoria de quienes nos precedieron”.
“Este reconocimiento lo acepto en nombre de todas las mujeres de esta tierra, con humildad y con orgullo serrano”, afirmó, dedicándolo de manera especial a su hija, presente y vestida de Águeda, y comprometiéndose a seguir trabajando para que las voces de las mujeres sigan escuchándose alto y claro.
La Alcaldesa Mayor calificó el discurso de Talegón como “trabajado y preparado con mimo”, que sorprendió por su profundidad y por el conocimiento demostrado sobre la villa y su historia. “Se nota que le encanta esta tradición y que la ha estudiado. Ha sido mucho más que una intervención protocolaria”, señalaba.
Tras las fotografías oficiales, la comitiva se dirigió a la iglesia de Santa María para la misa solemne, acompañada por el coro parroquial. La imagen de la santa quedó completamente cubierta por la ofrenda floral de las Águedas. Debido a la lluvia, la subasta de las andas y los bailes regionales tuvieron que celebrarse en el interior del templo, donde, en apenas unos minutos, voluntarios y participantes adaptaron el espacio para que la tradición pudiera continuar. Los bailes, interpretados por grupos de distintas edades, volvieron a mostrar la fortaleza de una escuela popular que se renueva generación tras generación, con jotas, paloteos y letras tradicionales adaptadas a la festividad.
La jornada continuó en las galerías porticadas de la Plaza Mayor con la invitación de limonada y dulces a todo el pueblo, animada por la charanga, mientras la lluvia caía con fuerza sin restar ambiente. Al mediodía, el Salón Rico del Palacio Ducal acogió la comida de hermandad, con la participación de 135 personas. Por la tarde, el chocolate con churros puso el broche dulce, y por la noche, el baile público en el gimnasio de las antiguas escuelas cerró una celebración que volvió a demostrar que, en Cogolludo, Santa Águeda no es solo una fiesta, sino una forma de entender la historia, la identidad y el papel de las mujeres en la vida del pueblo.
La celebración recibió la visita de inspectores de trabajo quienes comprobaron que todo estaba en orden y perfectamente organizado.