Marta González captó a cien inversores valencianos con el gancho de los pagarés de Nueva Rumasa.
“Así saqué 12 millones para Ruiz-Mateos ”
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
Lleva dos décadas vinculada a los Ruiz-Mateos. Marta González fue la delegada de Nueva Rumasa en Valencia y una de las mejores comerciales del grupo. Sus resultados son impresionantes: en los últimos cinco años cien inversores se fiaron de ella e invirtieron 12 millones en los pagarés de Nueva Rumasa, los que tienen ahora al patriarca inmerso en un procedimiento por estafa. Marta desvela las oscuras prácticas empresariales de la familia y pide perdón a los valencianos a los que llevó a la ruina. SIGUE
Cuando Marta González tenía 16 años, José María Ruiz-Mateos la piropeó en una céntrica calle de Valencia. Le dijo, con una amplia sonrisa: “ Tú debes ser Miss Valencia. No, no. Eres Miss Mundo ” , y le dio una tarjeta de presentación. Era junio de 1989. Por aquellos días, el empresario jerezano hacía campaña para las elecciones al Parlamento Europeo con su recién creada Agrupación Ruiz-Mateos, que logró dos escaños. Tres años más tarde, Marta González llamó al dueño de Nueva Rumasa: “ Me gustaría trabajar para usted ” , le soltó, y se convirtió en una “ especie de asesora en la sombra para negocios turbios ” , en palabras de la propia Marta. Tras un paréntesis de cuatro o cinco años, en el que esta valenciana gestionó su propia tienda de ropa en uno de los barrios más elitistas de la ciudad del Turia, Ruiz-Mateos la nombró delegada de Nueva Rumasa en la Comunidad Valenciana, labor que ha desempeñado en los últimos 12 años, con un balance rayano en el dramatismo.
Marta González tiene ahora 39 años. Las marcas del sufrimiento le han dejado huella en su ánimo y en el atractivo de antaño. Estuvo a punto de desfilar en la Pasarela Cibeles hace dos décadas. Asegura, a golpe de lágrima, que arrastra un gran peso de culpa. “ Convencí a un centenar de valencianos para que invirtieran en los pagarés de Nueva Rumasa y conseguí 12 millones de euros para la familia Ruiz-Mateos. Yo di la cara por ellos, era mi trabajo como comercial, di mi palabra a gente buena, que confió en mí, de que su dinero estaba asegurado, de que no habría problema alguno; y cuando estalló el escándalo, me quise morir ” .