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La Columna de Economia de Arturo García

Punto de inflexión en la Unión Monetaria Europea

El Euro es una mala idea, puesto en marcha por políticos. Una vez que se puso en marcha, llegaría este momento. Y ha llegado.

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h

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En los últimos días se ha producido un punto de inflexión en la Unión Monetaria Europea. Basta con ver las declaraciones de los políticos y los artículos en los medios de comunicación. El tema que está puesto encima de la mesa sin tapujos es la ruptura de la Eurozona. La alternativa de que Grecia abandone el Euro es ampliamente contemplada y se analizan el futuro de Grecia con el nuevo dracma. Incluso se dice que Alemania y Francia ya están trabajando en qué alternativa es la mejor para romper el Euro. La posibilidad de que haya que rescatar a Italia ha dejado de ser un futurible una vez que la deuda italiana ha alcanzado un interés del 7%. Incluso se han contado los días que Grecia, Irlanda y Portugal tardaron en ser “rescatadas” cuando sus bonos decenales superaron esa rentabilidad para comenzar a contar los días que aguanta Italia. Las previsiones de crecimiento del PIB para la Eurozona se han rebajado una vez más. Se cuantifica qué impacto tendría sobre los sistemas financieros de Alemania y Francia la salida de Grecia e Italia del Euro. Se compara la ayuda que Alemania y Francia están ofreciendo a los países en dificultades con los beneficios y riesgos que les supone que estos países continúen o no en la Eurozona. Se habla de que Alemania necesita que Italia siga importando sus productos, etc. SIGUE
También se hablan de las soluciones a estos problemas. Muchos encuentran como la única realmente eficaz la creación de inflación. Entre otros, Krugman, premio Nóbel de Economía, comenta que "al final el BCE mirará al precipicio y dirá: olvidemos todas las reglas, tenemos que comprar deuda", y además especifica que "tanta deuda como sea necesario". Esto significa poner en marcha la máquina de hacer dinero, lo que conllevaría el comienzo de una época de inflación.

Podemos poner un ejemplo simple para entender esto. Supongamos que un país tiene una deuda de 1.000 Euros que le genera unos intereses de 100 Euros que tiene que pagar, y sólo puede generar 90. Este país puede crear inflación, de tal manera que los 1.000 Euros conjuntamente con los 100 Euros se irían devaluando progresivamente frente al PIB y los impuestos generados. Basta con tener una inflación del 10% para que los impuestos también suban nominalmente un 10% y los 90 Euros recaudados se conviertan en los 100 Euros que nos hacen falta para pagar el servicio de la deuda.

Esto tiene una contrapartida y es que cuando le devolvamos al comprador de la deuda (inversor internacional) sus 1.000 Euros y los convierta en su moneda se encontrará que valen la mitad de lo que pensaba, con el consiguiente enfado, dado que pensará que esto ha sido una tomadura de pelo (y en verdad que lo ha sido). Esto afecta a la seriedad con que un país es percibido a nivel internacional, y Alemania, que ya ha experimentado en su historia del siglo XX procesos de hiperinflación, no quiere ni oír hablar de esta alternativa. El caso alemán, además, es de especial gravedad porque la hiperinflación es vista como una de las causas del auge del nacionalsocialismo antes de la segunda guerra mundial.

Otras posibilidades como los Eurobonos no se llevan a cabo porque suponen, al fin y al cabo, que Alemania termine pagando el excesivo gasto de los países en dificultades, algo que no es admisible para los alemanes. Yo encuentro muy razonable esta postura.

Por esta razón, Alemania y Francia insisten en recomendar a los países en dificultades nuevas medidas de austeridad. Sin embargo, supone austeridad sobre austeridad, y a corto plazo supone poner aún más trabas al crecimiento.

En resumidas cuentas, y porque es imposible siquiera nombrar ni la mitad de las alternativas que se barajan, hemos llegado a un punto de inflexión. La crisis se ha desbocado. Ya no es posible negarla, ni mantenerla en silencio. No es que se hable de la posible ruptura del Euro, es que se analizan las diversas alternativas para llevar a cabo esa ruptura día tras día en cualquier foro.

El momento de la verdad ha llegado. Los políticos deben hacer algo, a favor o en contra del Euro, para llevar a cabo una unificación económica total de la Unión Monetaria europea o, al menos, una ruptura ordenada. Deben escoger entre las alternativas. Esto supondrá escoger entre alternativas malas o peores.

Mi opinión ya la he dicho muchas veces. El Euro es una mala idea, puesto en marcha por políticos. Una vez que se puso en marcha, llegaría este momento. Y ha llegado. Yo no creo posible una unificación económica total de la UE, lo que conllevaría una unificación política muy profunda. Nada me alegaría más que estar equivocado.

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