Miércoles 08 de abril de 2026
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
“El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1846). La misericordia es el amor compasivo de Dios que se vuelca hacia la miseria humana y que se manifiesta plenamente en Jesucristo.
Necesitamos contemplar el misterio de la misericordia como fuente de alegría, de serenidad y de paz. El papa Francisco escribió en la bula Misericordiae vultus: “Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (MV 2).
En el Antiguo Testamento la aproximación más elocuente al misterio de Dios la encontramos en el conocido texto: “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Ex 34,6). “Paciente y misericordioso” es el binomio que se repite a menudo para describir la naturaleza de Dios. “Eterna es su misericordia” es el estribillo del Salmo 136 (135) que narra la historia de la salvación.
Jesucristo con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia del Padre. Él ha recibido del Padre la misión de revelar el misterio del amor divino en plenitud. En Jesucristo todo habla de misericordia.
En las parábolas de la misericordia encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque “la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón” (MV 9).
El papa Francisco nos recordaba: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia "vive un deseo inagotable de brindar misericordia"” (MV 10).
Recibid mi cordial saludo y mi bendición
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
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