La primera vez que aterricé en Cuba, fue en 1995. Mi periplo en la difusión del Derecho Informático por la América Hispana, ha tenido continuidad anual desde 1994, cuando asistí a un Congreso en Argentina y siguió un simposio sobre Modernización del Derecho, en Cuba 1995, donde regresé en 1996 y 1998. No más ya, porque siempre salía llorando.
Emilio Suñé Llinás | Jueves 19 de marzo de 2026
Lloraba por la tragedia que se vivía en lo que mi corazón bautizó como “un trozo de España criolla”. Ver que la gente pasa penuria, cuando no te toca de cerca, se soporta mal, pero en la Cuba de 1995, quien más, quien menos, se acordaba todavía de su bisabuelo español, y eso, con compatriotas sufriendo, parte el corazón. Volé en Cubana de Aviación. En el aire vi sorprendido como un grupo de europeos de otro país latino, estaban de pie, armando gresca, y hasta con alcohol para regarla. Pregunté a mi compañero casual de asiento, un funcionario de la Embajada de España: -¿Qué les pasa a estos? -Respuesta: Van de turismo sexual -Repregunta: ¿Y eso qué es? -Respuesta: Ya lo verás al llegar. Efectivamente, nada más desembarcar, recuerdo que vi chicas por doquier, criadas al sol caribeño, que la mente asociaba con la palabra “explosivas”.
Lo que no podía imaginar. Y eso es lo primero que sorprende, que un régimen que se autotitula de igualdad, presunto liberador de la “explotación del hombre por el hombre” -digo yo que eso alcanza también a la mujer-, ha convertido la isla en un inmenso burdel. A lo largo de los días vas viendo por qué. Los crápulas del avión y tantos otros que ven la isla como un paraíso sexual, en el que creen “triunfar por sus encantos”, no saben que esta chica explosiva tiene un hijo de 7 años, para el que no hay racionamiento de leche, sino de soja. Si quiere leche para su hijo, ha de comprarla en el mercado negro, con dólares, ¿de dónde pueden salir? Sólo de los gamberros del avión. Ante eso, se te trastocan los esquemas morales. Que ellos son escoria, es obvio; pero ellas tienen eximente de estado de necesidad. Ahí no cabe juzgar, moralmente tampoco. Igual sucede entre ellas europeas y ellos cubanos, o cualquier otra combinatoria. El régimen no sólo es macarra. Como tengas una mínima relevancia, por supuesto que vas a quedar bien retratado y filmado. Yo soy amigo de Cuba, pero tú estarás condenado a ser amigo de su régimen opresor.
Todo es igual. Desde las bandejas de carne, de las que cuando uno está, come el chófer, que en privado te confiesa que no la había probado en un año; o almuerzas invitado en casa de la “clase acomodada” del lugar y toda proteína es yuca. Allí, un invitado local de origen no acomodado, sufre una lipotimia, porque llevaba varios días sin manduca. O te invita un alto gerifalte del régimen, y en su casa cenas pescado; pero la luz también se va y más de una vez, o logras hacerles llegar medicinas, que allí no hay, o libros para su carrera universitaria, que tampoco tienen. Conversé con “gente del régimen”, en 1995, poco después de la hambruna con escorbuto incluido, de 1994. Se había salido de ella, porque el régimen tuvo que abrir un poco la mano en el comercio. El cubano es negociante y montaron paladares (restaurantes) para el turismo y otros negocios. También ellos anhelaban una transición, como la española, y hablamos de eso, incluso del seguro apoyo de aquellos Gobiernos de España, a algo así. Luego se hizo el silencio.
¿Quién le pone el cascabel al gato? En 1996/98 ya no cabía. El gato Fidel había dejado claro, sin decirlo siquiera, que era no. Los paladares ya se habían restringido a seis mesas. Prohibido triunfar, como mucho sobrevivir. Y al gato Fidel nadie le pone un cascabel, porque de un zarpazo, te abre en canal. Entonces no tenía sentido hablar. Esa Cuba ha sido un gran cáncer para Iberoamérica; pero también un producto de la guerra fría, no como Venezuela. Nada que hacer. Pero hoy resulta que el Secretario de Estado, Marco Rubio, es estadounidense de pro, de íntegra estirpe cubana y el Presidente Trump levantó la veda de “El Vedado”. ¡Es ahora o nunca!
Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.