Cátedra Emilio Suñé

Marco Rubio y la Civilización Occidental

Alguna vez dije que, a día de hoy, no conozco otra civilización que la Occidental. Si entendemos civilización como cultura, sin duda hay otras, pero si lo vemos en perspectiva evolutiva, de sociedades avanzadas, en las formas de vida, cultura, ciencia, tecnología y sobre todo libertad, no existe hoy más civilización que Occidente, con raíces greco-romanas y bíblicas, por eso también judías y cristianas, además de ilustradas.

Emilio Suñé Llinás | Miércoles 18 de febrero de 2026
Marco Rubio, Secretario de Estado de los EE.UU. de América, ha hecho en la Conferencia de Seguridad de Munich, una firme defensa de la Civilización Occidental justo donde está en mayor decadencia, en Europa, con una educada apelación a que la UE revierta el rumbo, que casi nos ha llevado a ser ex-Occidente y asuma, con los EE.UU. y otros países, la defensa y el orgullo de ser parte cenital de Occidente y de su cultura de libertad, que ha sido gravemente dañada, tanto en Europa, como en USA, por globalistas irresponsables, comunistas y enemigos de la libertad, en su actual versión woke, a la que ha sucumbido también el Partido Demócrata USA. Nuestros enemigos han desarrollado, hasta el presente, estrategias diabólicas para destruirnos. Se han infiltrado en las sociedades libres, para demolerlas desde dentro y casi lo han conseguido. La principal de estas estrategias es la hegemonía cultural, atribuida a Gramsci, Secretario General del Partido Comunista de Italia, pero realmente urdida por Stalin y el KGB. Y han tenido éxito. La universidad, los medios de comunicación, la política europea y singularmente la española, han sucumbido a ideas generadas por enemigos de la libertad, como el comunismo, cuyas fauces destructoras son tan evidentes, que ha de vestirse con ropajes sugerentes para seducirnos y corroernos desde dentro.

Así ha surgido un ecologismo demencial, basado en trolas de tal magnitud, que pretende hacernos creer que un 0,034% de CO2 que hay en la atmósfera, del cual sólo el 3% es antropogénico, y del que ¡encima! viven las plantas, provoca un calentamiento global, que nos va a asar a todos en la parrilla, o que moriremos engullidos por el mar. Estas mamarrachadas han sido bien aliñadas por popes de la Filosofía, como la neomarxista Escuela de Frankfurt, que dice ser “el pensamiento crítico” (en singular), del que pocos se atreven a discrepar. Son profundamente antitecnológicos, con el espantajo de vincular tecnología con armas nucleares, y por tanto adalides del pacifismo, lo que provocó en Europa un movimiento tan irracional como el de desarme unilateral. Supongo que a toda persona con meninges, a la que 2+2, le dé 4, debiera darse cuenta de que ese ecologismo de artimañas, sólo busca destruir la base económica en la que se asienta el bienestar del mundo libre, y que desarmarnos nos deja indefensos ante el enemigo. ¿Puede ser que la gente, incluso instruida, tenga las neuronas tan alteradas, como para tragarse semejantes despropósitos? Pues sí, puede ser y es, porque el aparato de propaganda mediático, cultural y hasta clerical -que en buena medida también ha sucumbido-, es tan sofisticado que resulta muy difícil escapar del mismo.

¿Pero los medios de comunicación globales, los grandes grupos multimedia, no dependen del gran capital? Pues sí. Dependen. Pero si los megarricos quieren hacer negocio a nivel global, necesitan mercados tan enormes como el chino, donde sólo puedes entrar si te sometes, aunque sea a costa de traicionar a tu propio país, que al ser una Democracia, no te puede exigir sumisión. Y además, las élites también han sido capturadas por los enemigos de Occidente. ¿Cómo se explica si no, que todo el ecologismo antiindustrial surgiera, en una fecha tan temprana como 1972, del Informe Meadows sobre “los límites del crecimiento”, del MIT al Club de Roma, que es un club de ricos, como Davos, o que quien dio pistoletazo de salida al calentamiento global fuese Al Gore, Vicepresidente USA con Clinton, entre 1993 y 2001. Gore profetizó que sobre 2015 el hielo ártico estaría completamente derretido, con consecuencias devastadoras, como la desaparición de extensas zonas litorales. ¿Es posible que gente así gobierne Occidente? Además de la debilidad mental de alguno, lo que les mueve son intereses particulares, que se imponen con descaro al interés general, igual que los políticos europeos a sueldo de Gazprom (Rusia), o de Huawei (China).

De todas estas cosas, con otras palabras y algunos silencios, habló Marco Rubio, que además ha advertido seriamente de los riesgos de una inmigración descontrolada, que está siendo promovida deliberadamente por los sembradores del caos, para la demolición de Occidente. Ellos saben de sobra que el Islam es inintegrable. Una religión que cuenta entre sus pilares con cinco rezos diarios, controlados por el muecín, tiene fronteras muy difusas con una secta. Irene Montero ha reconocido que la inmigración descontrolada busca un reemplazo poblacional. Islam significa sumisión y de eso se trata, de barrer de Occidente, cualquier vestigio de libertad. Ellos también están siendo utilizados.

Europa y los EE.UU. han pasado estos últimos años, por una decadencia y corrupción memorables, que han puesto a Occidente y su cultura de libertad, al borde de la extinción. Afortunadamente Trump aprendió mucho de su primer mandato. Él y su vicepresidente Vance le pusieron las pilas a Europa desde el minuto uno. Rubio ha optado por la vía diplomática del abrazo transatlántico, para recobrar la identidad Occidental, que no es sólo una cuestión de economía y estrategia, sino de acción política y valores compartidos. Marco Rubio, que es presente y futuro, ha tendido sinceramente la mano amiga de EE.UU. a Europa, para que siga siendo la cuna de Occidente. Si los burócratas de la Comisión Europea no cogen esta mano salvadora, seremos los ciudadanos quienes habremos de despedirlos, y agarrar con cariño fraternal la mano amiga que nos tienden los Estados Unidos.

Emilio Suñé Llinás es Catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.

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