REDACCION | Miércoles 28 de enero de 2026
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
El 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada y dirigimos nuestra mirada agradecida y llena de reconocimiento hacia las personas que, arraigadas profundamente en Jesucristo, son un regalo de Dios Padre a la Iglesia por medio del Espíritu Santo.
Conocemos personas consagradas que entregan su vida sirviendo generosamente en instituciones educativas, sanitarias, sociales, de oración, silencio y contemplación, de acompañamiento, acogida, sensibilización y otras muchas iniciativas y proyectos. Viendo su estilo y su labor, quedamos impresionados no solamente por lo que hacen, sino también por cómo lo hacen y, sobre todo, por quiénes son. Su manera de vivir, de pensar y de actuar son testimonio vivo del evangelio.
El lema de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada es: “¿Para quién eres?”, y “nos recuerda la urgente necesidad que tiene nuestro mundo de mostrar la fraternidad, la luz y la esperanza en el Dios vivo, vencedor de todas las desesperanzas, como un bálsamo en medio de tantas divisiones y del dolor producido por las rupturas, las guerras y las discordias” (cf. Subsidio litúrgico para el monitor. Monición de entrada).
La Jornada Mundial de la Vida Consagrada “nos impulsa a la fraternidad, a la alegría y a la confianza en Jesús resucitado, medicina para la soledad, la tristeza y cualquier sufrimiento” (ibid.).
Nuestro mundo tiene necesidad de esperanza y de paz, de sentido y de misericordia, de luz y de renovación. Son visibles las heridas de la fragmentación social, cultural y digital, la desigualdad, el individualismo, el enfrentamiento, la injusticia y la polarización. Pero también hay muchas personas consagradas que caminan a nuestro lado como testimonio elocuente de vida abundante, fecunda y alegre. Viven su consagración como anuncio gozoso de fe, como anhelo vivo de esperanza y como expresión práctica de amor.
El 10 de octubre de 2025, León XIV animaba a quienes participaron en el Jubileo de la Vida Consagrada a ser “constructores de puentes y difusores de una cultura del encuentro en el diálogo, en el conocimiento recíproco, en el respeto por las diferencias, con esa fe que les hace reconocer en cada ser humano un único rostro sagrado y maravilloso: el de Cristo”.
Oramos con especial intensidad por todas las personas consagradas que viven, oran y trabajan en nuestra diócesis, para que nuestra humilde plegaria sea un sencillo gesto de apoyo y cercanía, de gratitud, consuelo y aliento.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
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