REDACCION | Martes 23 de diciembre de 2025
Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
El Año Santo finaliza en las Iglesias particulares el 28 de diciembre, y el Jubileo ordinario se clausurará con el cierre de la Puerta Santa de la basílica papal de San Pedro en el Vaticano el 6 de enero de 2026.
El deseo del papa Francisco era que la luz de la esperanza cristiana pudiese llegar a todas las personas, como mensaje del amor de Dios que se dirige a todos, y que la Iglesia fuese testigo de este anuncio en todo el mundo.
El 24 de diciembre de 2024 se abrió la Puerta Santa de San Pedro y el domingo 29 de diciembre se celebró en todas las catedrales y concatedrales la eucaristía como apertura solemne del Año jubilar.
Durante este tiempo hemos vivido una intensa experiencia de gracia y de esperanza. A través de numerosas iniciativas diocesanas, parroquiales, de asociaciones y grupos, nos hemos puesto en camino, como peregrinos, con un gesto característico de quienes buscan el sentido de la vida.
Hemos iniciado un camino de conversión. Hemos escrutado los signos de los tiempos, los hemos interpretado a la luz del Evangelio y nos hemos esforzado por convertirlos en signos de esperanza. Hemos escuchado las alentadoras exhortaciones de los papas Francisco y León XIV en favor de la paz y hemos compartido su preocupación por la pérdida del deseo de transmitir la vida y la disminución de la natalidad.
Han surgido propuestas en favor de una alianza social para la esperanza y hemos conocido a muchas personas que se han convertido en signos tangibles de esperanza para quienes viven en condiciones de penuria.
El papa Francisco nos invitaba a reclamar condiciones dignas para los reclusos y la abolición de la pena de muerte. Y nos exhortaba a facilitar signos de esperanza a los enfermos, jóvenes, migrantes (exiliados, desplazados y refugiados), abuelos y pobres. También animaba a la condonación de la deuda de los países crónicamente insolventes.
Hemos celebrado el 1700 aniversario del primer gran Concilio ecuménico de Nicea.
Hemos profundizado en la concreción de algunas formas sinodales de corresponsabilidad diferenciada, para que cada uno, con su propio carisma y ministerio, demos testimonio de la presencia de Dios en el mundo.
Por todo ello, damos gracias al Señor.
Nos orientamos hacia el año 2033 en el que se celebrarán los dos mil años de la redención realizada por medio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición
Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
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