OPINIÓN

Carta del obispo electo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Luz creciente de Navidad

Jueves 21 de diciembre de 2023
Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Agradezco la oración con la que me habéis acompañado desde el día en que se hizo público mi nombramiento.

Llego a Sigüenza-Guadalajara con alegría, aceptando gozosamente la voluntad de Dios y la decisión del Papa.

Estoy muy agradecido por la labor realizada por don Atilano Rodríguez Martínez junto a vosotros, por vosotros y con vosotros. También me da mucha seguridad saber que estará muy cerca con su proverbial generosidad, su prudente servicio, su reconocida experiencia y su serena alegría.

Durante estas semanas el Señor nos ha concedido ir trazando el sendero de Adviento. Hemos sentido el estímulo y la intercesión de la Virgen Inmaculada, del precursor san Juan Bautista, de los santos. Hemos escuchado las sabias y orientadoras palabras del libro de Isaías.

A nuestro alrededor se han encendido muchas lámparas en comercios, locales, plazas y calles. La iluminación también se ha hecho presente en los hogares y templos. Son manifestaciones de las raíces cristianas de nuestra cultura.

Sabemos distinguir entre el brillo y la luz. El brillo es externo y puede ser superficial. La auténtica luz es Jesucristo, a quien reconocemos como el que vino en la sencillez y humildad de Belén, el que viene en cada persona y acontecimiento y el que vendrá al final de la historia. En su venida “nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte” (Lc 1,78-79). Su destino consiste en ser “luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2,32). Jesucristo es la “luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (Jn 1,9).

En Navidad experimentamos un estremecimiento intenso, una interna conmoción que nos sacude, un destello de luz fulgurante. Nos envuelve un inaudible murmullo. Vivimos un emocionante encuentro. Sentimos ganas de gritar, de salir por los caminos para anunciar en voz alta, de modo que no haya ningún rincón donde no resuene la Buena Noticia, el misterio del “Dios-con-nosotros”. No estamos solos. Dios no se olvida de nosotros. No nos abandona.

Un niño se nos ha dado. Este es el dato primordial. De Él lo recibimos todo. En Él todo se nos concede, de una vez y para siempre. Él es la Palabra definitiva, el sello de la historia, la plenitud del tiempo, el cumplimiento de nuestra esperanza.

A nuestros oídos llega el lamento de tantas personas que viven situaciones de densa oscuridad: violencia, guerras, enfermedad, soledad no deseada, precariedad laboral, dificultades económicas, desarraigo social, incertidumbre personal, falta de afecto, vulnerabilidad, discriminación, desesperanza. Vemos su sufrimiento y palpamos su angustia. En medio de tanta densa oscuridad, es necesario que hagamos partícipes a todas las personas vulnerables de la luz creciente que es Jesucristo, “luz del mundo” (Jn 8,12).

¡Feliz y santa Navidad!

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, Obispo de Sigüenza-Guadalajara


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