Revista de Prensa.- El Semanal Digital
Génova 13, sede fantasma: el PP pierde el pulso, engullido por Moncloa
Miércoles 22 de octubre de 2014
Antonio Martín Beaumont.- En el discurso que pronunció en la clausura del XVII Congreso del PP en febrero --salido de la pluma de Pedro Arriola, por cierto--, Mariano Rajoy presumió de marcharse de Sevilla con un Partido Popular "remozado, fresco". Este lunes, cuando los miembros del Comité Ejecutivo Nacional se reúnan en el edificio de la gaviota a escuchar los discursos de su presidente y de la secretaria general, por más que reine el silencio, las miradas cómplices de unos y otros dejarán adivinar que las cosas, justo 100 días después de aquel cónclave sevillano, no marchan como se habían previsto.
Cualquiera que dé un paseo por Génova 13 puede comprobarlo: el partido cada día que pasa se queda más reducido a mero apéndice del Gobierno. Y así considerado, es decir, como simple accesorio, son muchas las ocasiones en las que más que ayudar al Ejecutivo le estorba. Triste es el panorama. Y la desmotivación, lógicamente, la actitud que mejor define a sus actuales moradores.
No hay más que ver la campaña –¿anodina?-- que han puesto en marcha para defender las reformas del Gobierno: tres dípticos de letra apelmazada y pequeña que necesitan el uso de una lupa para leerlos y que invitan a reflexionar, yendo al fondo de la cuestión, si alguien en el cuartel general popular se ha preguntado lo que se quiere comunicar. Campaña, además, puesta en marcha a regañadientes, después de que Soraya Sáenz de Santamaría tocara a rebato para que la formación se pusiera las pilas y saliera a partirse la cara con el PSOE.
El primer culpable de la situación de alerta roja por la que atraviesa la formación es el propio Rajoy. Antes de ganar las elecciones, pero ya viéndose con pie y medio al frente del Consejo de Ministros, el líder de los populares insistió mucho a sus compañeros en que si ganaban no podían dejar de lado el partido, sino que debían cuidarlo y mimarlo más si cabe. Y lo reiteró algunas veces más después del 20-N. Pero Rajoy tiró piedras contra su tejado, el de Génova 13, cuando se llevó a casi todos sus pesos pesados al Gobierno y dio prácticamente plenos poderes a María Dolores de Cospedal para que diseñara el nuevo organigrama, nombres incluidos.
Y la secretaria general, cuyo fuerte no es precisamente confeccionar equipos --tiene otras virtudes, pero no ésa--, hizo uno en el que ella es la única reina y lo demás, obreros conquistados. Además, sin mucha experiencia en la sala de máquinas de un partido en la mayoría de los casos. Y excepciones como Esteban González Pons y Juan Carlos Vera, por desgracia, están muy desaprovechados por razones que presumo se alejan de los intereses verdaderos del PP.
Lo malo para la reina del PP es que Génova 13 no es su única Torre donde reinar, sino que tiene otra en el Palacio de Fuensalida, sede del Gobierno de Castilla-La Mancha. Una Comunidad en estado crítico que le da demasiado trabajo como para poder concentrase exclusivamente en esta nueva etapa del partido, que sin un liderazgo claro no consigue encontrar su sitio ni su identidad propia.
El lunes pasado, sin ir más lejos, tampoco hubo rueda de prensa en la sede, ni de Cospedal ni tampoco de Carlos Floriano. El protagonismo se dejó en manos del Grupo Parlamentario Popular y de su portavoz Alfonso Alonso. Y digo tampoco porque ya se ha convertido en algo común, como que los lunes no haya reunión de maitines. Ahora, por contra, Rajoy despacha --cuando despacha-- con Cospedal y ésta –cuando despacha-- con los demás por separado, en la mayoría de los casos. O sea: se vive en un estado de indolencia chocante.
Tampoco ayuda el hecho de que el equipo que salió del Congreso de febrero en Sevilla se haya ido completando en estos meses a base de retales. Me refiero a dirigentes, en su gran mayoría diputados, que habían quedado desubicados del Gobierno y sus satélites y con los que se ha creado una especie de cajón de sastre sin guión claro sobre lo que se quiere de cada parte. Y ayuda menos aún el duelo, ya ni siquiera silencioso, que mantienen Sáenz de Santamaría y Cospedal, de cuyos pormenores ya di cuenta en este mismo blog hace poco más de un mes.
Pues, por si no fuera suficiente todo esto, aun queda por resolver un asunto que puede complicar más el panorama: la vuelta de Javier Arenas. El mes antes de las elecciones andaluzas, el líder del PP-A, zorro viejo, se aseguró de conservar su despacho de vicesecretario general de Política Autonómica y Local por si tenía que regresar a Madrid. Pues bien, Arenas ya ha comenzado el desembarco en Génova. La duda ahora es si pretende volver como elefante en cacharrería dispuesto a recuperar el terreno perdido.
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