Nos miramos. En ese momento empezaba la auténtica investigación. Mi amigo sonrió complacido y se lanzó a una imitación de Bogart: - Vamos a quitarnos ese marrón de encima, socio.
El nudo que sentía en la boca del estómago me impidió ser tan brillante. Para relajarme, me refugié en el blues. Me puse los auriculares del walkman: Bo Diddley, cantando I’m a man, trató de recordarme quién era yo y qué podía esperar de la vida. (Massimo Carlotto en El Misterio de Mangiabarche/Ediciones Barataria).Con lo que hago no me haré rico. Pero hago lo que quiero. Como Bo Diddley (nada de nada), anteriormente Ellas McDaniel, y antes aún Otha Ellas Bates, negro nacido en el blanco algodón del Misisipí de los 30. Para entender el paso del blues al rock hay que pasar por sus gafas de dura concha durante 80 años. Nada de nada. De los guantes de boxeo a Chicago y a sus guitarras cuadradas, oliendo a John Lee Hoker. Con su banda, con el increíble Otis Spann al piano o con Chuck Berry.
Lo he visto con Keith Richards, John Lennon o Mike Jagger. No sé por qué, pero estos “blanquitos” me parecían un poco pringaos a su lado.
Es lo malo del blues y del rock auténtico. Después nada te sabe a nada. Nada de nada. A lo mejor estaba un poco borracho. Pero estoy seguro de que Elvys Presley, Bruce Springsteen, los Who, los Rollings, Buddy Holly o U2 mamaron de su música.
Recuerdo el ritmo de las estrellas cuando estuve encerrado. Quizá por eso me sobran los excesos y las armonías demasiado historiadas. “La justicia es un mecanismo que tritura a los perdedores”, decía un abogado corrupto.
“But I’m a man”. Soy un perseguido que persigue the law of a man. Pérdoname, padre, porque he bebido. Fumo demasiado, leo a Carlotto y escucho a Bo Diddley. Estoy en la gloria y de maridajes. I’m a man”.
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Muchas gracias. Ese lo grabó con Anna Moo en 2002.DÓNDE:. Exclusiva Fnac