GUADALAJARA

Todo listo para la Marcha Diocesana a Barbatona. La Pascua del Enfermo

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara.- La Pascua del Enfermo

REDACCION | Miércoles 22 de octubre de 2014
Fiel a su cita desde 1965 en el segundo domingo de mayo, la 48ª Marcha Diocesana al santuario de la Virgen de la Salud de Barbatona es el próximo domingo, día 13. Bajo el lema “Preparando el Año de la Fe. Por los educadores en la fe”, estará presidida por el obispo diocesano, monseñor Atilano Rodríguez Martínez. La organización ha previsto un servicio de autocares desde Sigüenza a partir de las once de la mañana. También se ofrece la atención de confesores en la marcha y durante la misa principal. He aquí los momentos principales de la jornada: SIGUE

A las 9 de la mañana: arranque de la marcha en el atrio de la catedral.
  • - A las 11: Eucaristía principal en la explanada, precedida y cerrada por sendas procesiones con la imagen de la Virgen de la Salud para el traslado desde el santuario a la explanada y viceversa.
  • - A las 13,15: Misa rezada en la explanada.
  • - A las 19 horas: Misa en el santuario.


Por último, cabe recordar las parroquias y entidades que hacen ofrenda y reciben cirio votivo. Esta es la relación: las parroquias de Valdeavellano, Cifuentes, Bustares, Viñuelas, San José Artesano de Guadalajara, Anquela del Ducado, Drieves, Yélamos de Abajo y Cabanillas del campo la unidad de acción pastoral de Galve de Sorbe. También, los colegios de las Ursulinas de Sigüenza y Giovanni Antonio Farina de Azuqueca de Henares, los profesores de Religión Católica, la Delegación diocesana de Catequesis y Encuentro Matrimonial.

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

LA PASCUA DEL ENFERMO
El domingo, día 13 de mayo, algunas parroquias de la diócesis participarán en la tradicional peregrinación al Santuario de la Virgen de la Salud de Barbatona. Este mismo día, con la celebración de la Pascua del enfermo, la Iglesia pone su mirada en todas aquellas personas que experimentan el sufrimiento a causa de la enfermedad y quiere llamar la atención de todos los miembros de la sociedad para que valoren, acompañen y respeten los derechos de quienes pasan por situaciones dolorosas a causa de la enfermedad.

Ciertamente los avances de la medicina ofrecen en bastantes casos los medios necesarios para hacer frente a muchas dolencias físicas de la humanidad. Sin embargo, a pesar de los grandes progresos científicos de las últimas décadas, todos sabemos muy bien que no existen soluciones definitivas para todas las enfermedades. Como consecuencia de ello la vida humana tiene sus límites, experimenta un progresivo deterioro con el paso de los años y termina con la muerte física.

Para muchos hermanos el paso por la enfermedad provoca momentos de crisis, de soledad y angustia, que favorecen la confrontación con la propia realidad personal y que obliga a preguntarse por el sentido de la existencia humana. La Iglesia, ante esta realidad, siguiendo el ejemplo de Jesús, muestra en todo momento su solicitud por las personas enfermas. A través de las parroquias o de otras organizaciones eclesiales invita a todos sus hijos a permanecer cerca de los que sufren, orando por su recuperación, tratando de defender su dignidad y ofreciéndoles el consuelo del amor.

Los cristianos hemos experimentado en muchos momentos de la vida que quienes creen en Cristo no están nunca solos. Dios, por medio de su Hijo, sale al encuentro de cada uno de nosotros para ofrecernos la curación de las dolencias físicas y espirituales, y para acompañarnos de un modo especial en los momentos de angustia y sufrimiento. Por eso, quien invoca al Señor con fe y pide su gracia puede estar seguro de que el amor de Dios no le abandonará nunca y de que tampoco la faltará el amor de la Iglesia.

Con la convicción de esta presencia sanadora del Señor resucitado en medio de nosotros, hemos de orar constantemente por todas las personas enfermas para que, en medio de sus dolencias, no dejen de mirar a Cristo y de contemplar sus sufrimientos. Así, desde la comunión con Él y con sus padecimientos, estos hermanos nuestros podrán dirigirse al Padre con la plena confianza de que toda vida está en sus manos y con la certeza de que los sufrimientos de los creyentes, unidos a los de Cristo, tendrán siempre su fecundidad para las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Pidamos a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Salud, que conforte a todos los que pasan por la prueba del dolor y de la enfermedad, y que sostenga también a todos aquellos que han consagrado su vida, como buenos samaritanos, a curar las heridas físicas y espirituales de quienes sufren.

Unido a cada uno de vosotros en la oración confiada al Padre, os imparto de corazón mi bendición.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara





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