OPINIÓN

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Sinodalidad y Escucha

Miércoles 05 de octubre de 2022
La palabra ‘sinodalidad’ expresa el camino realizado con los otros, es decir, la experiencia de la vocación cristiana desde la vivencia de la comunión fraterna con nuestros hermanos. Este camino realizado de forma conjunta es la mejor concreción y manifestación del ser de la Iglesia entendida como Pueblo de Dios que, guiado por el Espíritu Santo, avanza en su peregrinación por este mundo hacia la Jerusalén celestial.

Una Iglesia sinodal es una Iglesia siempre atenta a las insinuaciones del Espíritu Santo y preocupada por encontrar nuevos caminos y nuevos métodos para el ejercicio de la misión evangelizadora. La Iglesia sinodal tiene siempre las “puertas abiertas” para acoger con dulzura a quienes desean profundizar en su fe y para salir con decisión y alegría al encuentro de quienes necesitan a Dios para encontrar la paz del corazón y para descubrir el verdadero sentido de su existencia.

Uno de los aspectos que debemos tener especialmente en cuenta en una Iglesia sinodal es la disponibilidad para la escucha de Dios y de los hermanos. Todos hemos de permanecer muy atentos a lo que Dios quiera decirnos para hacer su voluntad, y todos hemos de escuchar a nuestros semejantes para escrutar con ellos los signos de los tiempos. En el discernimiento personal y comunitario siempre podemos aprender algo nuevo de los demás, aunque tengan poca formación o cultura.

Esto quiere decir que en el proceso sinodal no podemos centrarnos únicamente en los debates de los grupos para ver quién impone sus criterios a los demás ni en la recogida exacta de las aportaciones de los miembros del grupo. El papa Francisco, en el discurso con ocasión de la conmemoración del 50 aniversario del Sínodo de los Obispos, nos decía que necesitamos “escuchar a Dios hasta escuchar con él el clamor del pueblo y escuchar al pueblo hasta respirar con él la voluntad a la que Dios nos llama”.

Este discernimiento comunitario es una ayuda valiosísima para la edificación de comunidades cristianas adultas en la fe, conscientes de su vocación y atentas a la misión. El discernimiento es siempre una gracia de Dios, pero requiere también nuestra participación consciente en la oración, en la reflexión personal y en el diálogo fraterno con nuestros semejantes para encontrar juntos claridad en medio de las oscuridades.

En ocasiones, todos podemos caer en el conformismo espiritual y pastoral, resistiéndonos a la acción del Espíritu Santo, que nos impulsa a salir de la rutina y de la comodidad pastoral para emprender nuevos caminos. La superación de la rutina pastoral y religiosa nos obliga a tener presente que el discernimiento implica siempre la oración, la reflexión y el compromiso de la mente y del corazón en la búsqueda de la voluntad de Dios y en el cumplimiento gozoso de la misma.

Con mi bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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