OPINIÓN

El domingo es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Reinaremos con Cristo

Tribuna Abierta.- Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

Miércoles 22 de octubre de 2014
La Iglesia católica celebra el domingo el Día del Buen Pastor, fecha en que se tiene la jornada mundial de oración por las vocaciones consagradas. El lema escogido para este año dice así: “Las vocaciones, don de la caridad”. En la Diócesis, la conmemoración corre a cargo de la Confederación de Religiosos (CONFER) y de la Delegación diocesana de Pastoral Vocacional. A ellas corresponde la organización del principal acto público, que es la vigilia de oración a tener en el santuario de Ntra. Sra. de la Antigua el viernes porla noche, a partir de las 22,00 horas. SIGUE

La Delegación de Vocaciones anima también a participar en las vísperas solemnes que se cantarán en el monasterio de Jerónimas de Junquera de Henares el 29 de abril a las cinco de la tarde. Y asocia al mismo motivo el próximo festival de la canción vocacional que se prepara en la propia Junquera para el día 12 de mayo con doble proyección: por una parte, tener el Encuentro diocesano de Jóvenes, que anima la Delegación de Juventud; y por otra, montar el festival vocacional, que lleva funcionando desde comienzos del los 80 del siglo pasado.

Esta jornada eclesial es iluminada con un mensaje del Papa Benedicto XVI. La jornada mundial de oración por las vocaciones consagradas fue una iniciativa del Papa Pablo VI tras el Concilio Vaticano II.

CONTACTOS.- Juan José Gasanz, presidente de CONFER: 667 307 773.

Juan Antonio Fernández, Delegado de Vocaciones: 686 526 292.

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

REINAREMOS CON CRISTO

La contemplación de la realidad nos descubre que el hombre de hoy vive tan preocupado por el presente y tan absorbido por la solución de los problemas diarios que no tiene tiempo para la reflexión, para el encuentro consigo mismo y para hacerse las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida y sobre el más allá de la muerte. Como consecuencia de ello, muchas personas viven el presente siguiendo los criterios de sus amigos o de la cultura, pero sin darle a su vida y a sus actos el verdadero sentido.

Para quienes se plantean con cierta frecuencia el futuro de la humanidad y el propio futuro, algunas de las preguntas más angustiosas, con las que han de confrontarse son las siguientes: ¿Qué hay después de la muerte? ¿Los sufrimientos, la búsqueda del bien, la defensa de la justicia, la preocupación por los necesitados, terminan al final de nuestra peregrinación por este mundo debajo de una lápida o encontrarán alguna recompensa después de la muerte?. De acuerdo con la respuesta que el ser humano dé a estas preguntas, existirán razones sólidas para vivir o, por el contrario, se caerá en la desesperanza y en el vacío.

Los cristianos, ante estas preguntas, respondemos diciendo que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida humana, porque Cristo ha triunfado para siempre sobre el poder del pecado y de la muerte en su resurrección. Esta certeza y convicción no se basa en puros argumentos científicos y humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo ha resucitado con su cuerpo glorioso. Los cristianos, por la fe y por la Tradición viva de la Iglesia, podemos afirmar que quienes hemos sido injertados en la misma vida de Cristo en virtud del bautismo, formamos ya parte de su Cuerpo glorioso y, por lo tanto, estamos llamados a heredar con El la vida eterna.

El apóstol Pablo, ante quienes negaban la resurrección de los muertos, afirmará con profunda convicción: “Si nuestra esperanza en Cristo termina con esta vida, somos los hombres más desgraciados” (I Cor 15, 19). Para el apóstol, la Pascua era ya el inicio de la resurrección y de la vida nueva para quienes creen en el Resucitado, pues como afirma el Papa Benedicto XVI en el mensaje pascual del año 2009, “la Pascua no es simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús ha resucitado no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque El mismo vive en nosotros y en El ya podemos gustar la alegría de la vida eterna”.

Jesucristo ha abierto un camino nuevo e inédito entre la tierra y el cielo con su victoria sobre el pecado y la muerte. Por ese camino podemos avanzar todos los cristianos al encuentro pleno y definitivo con El y con el Padre. Si quitamos a Cristo y suprimimos su resurrección del horizonte de la existencia humana, no hay futuro posible para el hombre. Esta novedad de vida iniciada con Cristo debe llenar de esperanza y de confianza nuestra existencia, si la acogemos con las puertas del corazón bien abiertas. Que la buena noticia de la resurrección de Jesucristo alumbre nuestro camino de esperanza y nos ayude a responder confiadamente a los interrogantes de la vida. Con mi sincero afecto, feliz día del Señor resucitado.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara


Noticias relacionadas