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"El ocaso de los dioses", brillante cénit de la mayor epopeya operística hasta el 27 de febrero en el Teatro Real de Madrid

REDACCION | Jueves 27 de enero de 2022
Grandes voces wagnerianas y la orquesta del Teatro Real, dirigidas por Pablo Heras Casado, han brillado hoy en el estreno de "El ocaso de los dioses", origen y final de la mayor epopeya operística jamás concebida: la tetralogía de "El anillo del nibelungo", ambientada por Robert Carsen en un mundo contaminado y corrompido.

El público ha ovacionado el excelente papel de la orquesta y las destacadas interpretaciones del tenor Andreas Schager en el rol de Siegfried y de la soprano Ricarda Merbeth como Brünnhilde; y también ha aplaudido al barítono Lauri Vasar en el papel de Gunther, al bajo Stephen Milling como Hagen, al bajo-barítono Martin Winkler como Alberich y a la soprano Amanda Majeski como Gutrune.

La puesta en escena para este ciclo, creada originalmente hace veinte años para la Ópera de Colonia por Carsen, que ha sido abucheado esta noche por parte del público, sitúa la trama en un siniestro mundo contaminado en pleno siglo XX en el que la humanidad parecer provocar su propio declive con la destrucción de la naturaleza, pero en el que se vislumbra un atisbo de esperanza.

El nivel de detalle y el esfuerzo en cada gesto, cada palabra y cada nota de esta complejísima ópera de intensidad expresionista se ha visto beneficiado por el hecho de que durante todo el ciclo en el Real se han mantenido la mayoría de los músicos y los citados intérpretes principales, algunas de las voces wagnerianas más reconocidas.

Hace cuatro años el Real inició el ciclo de la obra cumbre del compositor alemán Richard Wagner (1813-1883), que revolucionó la escena musical con esta historia épica compuesta por cuatro óperas y basada en la gesta mitológica germánica "El cantar de los nibelungos".

La dificultad de levantar nueve funciones de cada una de las cuatro óperas que componen el anillo se vio acrecentada el año pasado y este por la pandemia de covid, un reto superado por el Teatro Real y que pocos teatros en el mundo pueden afrontar, como destacaba en su presentación el director artístico, Joan Matabosch.

Por su parte, en la actuación de hoy la orquesta se ha adaptado a las circunstancias pandémicas con los músicos ocupando ocho palcos a ambos lados del escenario, además del foso, para mantener la distancia de seguridad.

Aunque acabó siendo el último "episodio" de la tetralogía, "El ocaso de los dioses", que estará en cartel hasta el 27 de febrero, fue el primero de los cuatro libretos que salió de la mente del compositor más importante del romanticismo, con el nombre de "La muerte de Siegfried", en torno a la que gira la obra.

En el argumento todavía están presentes elementos románticos como filtros, maldiciones o juramentos, que contrastan con una música creada veinte años después y que rompe todos los lazos con la tradición y es la ópera más avanzada de Wagner, como destaca el musicólogo José Luis Téllez.

Esta dramática y extensa ópera -sus cinco horas y media de representación se inician a las 18:30, una hora antes de lo habitual- se abren con la escena de las nornas (las parcas germanas) a modo de recordatorio del argumento y los motivos musicales de los tres episodios anteriores.

Y es que los "leitmotiv" asociados a personajes, emociones y situaciones -como el destino, el enigma, la destrucción o la naturaleza, siempre igual y siempre distinta- se repiten a lo largo de todo el ciclo, lo que constituye uno de sus valores y complejidades más destacados.

Estos motivos musicales se entremezclan con rasgos representativos propios de cada ópera, como cuando al inicio del segundo acto del "ocaso" se produce un diálogo de aire onírico que Wagner comparaba con una conversación "entre dos animales antediluvianos", escribió en su diario su esposa, Cósima Liszt.

El director granadino Pablo Heras-Casado, para quien "El anillo del nibelungo" ha sido el proyecto más importante de su vida, estudió incesantemente el libreto y las partituras de esta ópera y las anteriores, llenas de notas del alemán y de su asistente en Bayreuth.

En ellas Wagner llama al "ritmo dramático" imparable y a la "urgencia expresiva" más que al "gozo de la grandilocuencia", explicaba en rueda de prensa, y así ha construido él su dirección.

Después de escribir el libreto original del "ocaso" Wagner inició una gesta creativa de veinticinco años en la que fue retrocediendo paulatinamente en el tiempo para explicar los orígenes del héroe y de la trama a través de "Siegfried", "La valquiria" y "El oro del Rin".

Estrenadas en el festival de Bayreuth en 1876, fueron un acontecimiento de trascendencia mundial al que asistieron reyes y artistas como Listz, Bruckner, Tchaikovsky, Grieg o Saint-Saëns, pero supusieron un fracaso económico que sumió a Wagner en la depresión.

La obra, que constituye hoy un elemento fundamental de la cultura alemana, había sido compuesta en buena parte fuera de sus fronteras, ya que el músico tuvo que exiliarse tras formar parte fundamental de la revolución nacionalista y liberal de 1848.

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