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El amor en el mar se puede embotellar (Cartas con mucho amor y humor entre un marinero en alta mar y su novia camarera en un bar de carretera)

Natalia Sanchidrián y Juan Díaz Zárate | Lunes 24 de mayo de 2021

Blas Garcia Peláez marchó con la flota de Pescanova rumbo a mares lejanos dejando atrás a su novia Hortensia Sanpatrás, camarera de un bar de carretera sito en Illescas.

Su relación epistolar narra las vicisitudes de ambos intentando capear las inclemencias y tempestades del día a día.

Su amor sobrevive al fuerte oleaje de la distancia y del paso del tiempo, demostrando una vez más la fuerza y la magia de la palabra que, a pesar de lo que digan las malas lenguas, vale sin duda mucho más que mil imágenes.

Capítulo 7.- El amor en el mar se puede embotellar

Groenlandia, 22 de enero del año siguiente.

Querida Hortensia, flor manchega de rizos dorados, el que busca encuentra y a veces es mejor no encontrar.

El no saber ocupa poco y yo contigo prefiero no saber y mirar para otro lado.

Qué calvario vida mía, tú tan lejos con las tetas calientes y yo aquí con la picha hasta los dientes.

Ten cuidado Hortensia que hay gente muy mala y tú pecas de ingenua, tienes un brillo especial que encandilas siempre al más sinvergüenza, lo cual dice mucho de tu terca bondad y de tu propósito de redimirlos.

Tu prodigalidad los confunde y los funde en las caricias de tu piel, mientras tú te pierdes mirando a Cuenca y te vas por peteneras.Te distraes amor mío.

Tengo ya dos botes llenos del ungüento natural que mencionaste en tu última carta. Cuando regrese tendré un cargamento entero y podremos hacer negocio.

Anoche subió un oso a cubierta, con el susto de me desinfló un poco el miembro, que como bien sabes a esas horas es como un mástil que apunta a la gloria del cielo. Cogí un remo y lo puse a caldo, enseñándome con él y con todos los borrachos que van a la tasca a deleitarse con tu risa y con tus tetas.

Volveré más pronto que tarde y nada será igual, la vida será mucho más fácil, como una balsa de aceite.

Te quiere tu Blas de alta mar.

Illescas, 10 de febrero del mismo año.

Mi marinero fortachón, tatuado y barbudo, Has logrado con tus tiernas palabras de amor que se diluya mi enfado por no haber recibido noticias tuyas en un mes.

Razón no te falta al decir que me despisto, que no me centro y me dejo sobar, pero no por cualquiera, solo por los que me miran con ojos de cordero degollao. Ya sabes que eso ha sido siempre mi punto débil. Dios me ha dado un corazón gigante, que apenas me cabe entre los pechos de hembra de las de antes.

Qué dura es la vida de la novia de un marino que no recibe noticias! Si me quisieras tanto como dices, lanzarías una botella al mar con una carta de amor y yo la encontraría sin dificultad.

En el bar nada ha cambiado, para bien o para mal. Ojalá me retires un día y pueda dejar de trabajar y me dedique solo a vivir, que ya es bastante.

A la espera y con la ilusión de que eso suceda, se despide de ti tu Hortensia.

Te quiero, mi popeyón terco y fortachón.

P.D. También el camionero está haciendo acopio. No te pongas celoso que llena los botes pensando en su novia y no en mi. O al menos eso dice.


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