OPINIÓN

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : Contagia solidaridad para acabar con el hambre

Martes 09 de febrero de 2021
La pandemia provocada por la propagación de la Covid 19 está dejando graves secuelas en el mundo entero como consecuencia de la enfermedad y la muerte de millones de personas.

La contemplación de esta dolorosa realidad que produce tanto sufrimiento, miedo y dolor, no debe hacernos olvidar la pandemia aún mayor provocada por el hambre.

En la actualidad, más de mil millones de personas pasan hambre en el mundo y mil trescientos millones están ya afectados por la pobreza.

Manos Unidas, organización de la Iglesia católica para el desarrollo, nos pide que no cerremos los ojos del corazón a esta escandalosa realidad de pobreza y miseria en la que malviven millones de hermanos nuestros en distintos rincones del planeta. Con el lema “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”, los voluntarios de Manos Unidas nos invitan a ser solidarios y a colaborar económicamente a la realización de los proyectos que nos proponen para erradicar la pandemia de la injusticia y de la desigualdad.

Aunque la palabra solidaridad está muy desgastada y, en ocasiones, suele interpretarse como un acto esporádico de ayuda ante las carencias de los hermanos, todos deberíamos reconocer que la solidaridad es la invitación a fomentar constantemente la fraternidad humana, dando prioridad a la vida de todos, especialmente de los más necesitados, sobre la apropiación de los bienes de la tierra por parte de unos pocos.

El amor de Dios, derramado en nuestros corazones por la acción del Espíritu Santo, tiene que impulsarnos a desterrar de nuestras vidas el individualismo y la “cultura del descarte” para fomentar la “globalización de la solidaridad”.

La mirada dolorida de tantos millones de hermanos esclavizados, maltratados y excluidos de la sociedad no puede dejarnos indiferentes e insensibles. Esta injusta realidad humana y social tiene que ayudarnos a vencer la indiferencia cultural para pensar y actuar siempre con criterios de solidaridad y de promoción del desarrollo humano integral. Cuando asumimos con convicción estas exigencias de la solidaridad, es posible abrir caminos nuevos a otras transformaciones sociales respetando la dignidad de la persona y buscando ante todo el bien común. En todo momento, hemos de tener presente que los simples cambios de estructuras, sin convicciones profundas y actitudes renovadas, con el paso del tiempo harán que las estructuras se vuelvan corruptas e ineficaces.

Ciertamente, no podemos dejar de pedir a los políticos y a quienes acumulan bienes de la tierra para provecho propio que pongan los medios para crear condiciones de vida más humanas y que compartan lo que tienen con los necesitados. Pero, esto no es suficiente. Secundando la invitación de Manos Unidas, todos deberíamos asumir estilos de vida más solidarios con nuestros semejantes en la convivencia diaria y brindar nuestra colaboración económica a quienes no tienen lo necesario para comer o desarrollarse en España o en otros países de la tierra.

Con mi sincero afecto y bendición, oremos juntos por los millones de personas que sufren hambre en el mundo y no cerremos nunca nuestro corazón a los necesitados.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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