OPINIÓN

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara : La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido

Martes 26 de enero de 2021
El próximo día 2 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la presentación del Niño Dios en el templo de Jerusalén. Después de contemplar la manifestación de Jesús a los pastores y a los magos en el portal de Belén durante el tiempo de Navidad, en este día admiramos nuevamente su presentación al anciano Simeón y a la profetisa Ana, cuando María y José lo llevan al templo para cumplir lo estipulado por la ley de Moisés.

Desde hace 25 años, por iniciativa de San Juan Pablo II, celebramos también en este día la Jornada de la Vida Consagrada. Con este recuerdo especial para los consagrados y consagradas, la Iglesia desea dar gracias a Dios por su entrega incondicional y por su testimonio creyente. Ellos, después de escuchar la llamada del Señor, lo han dejado todo para seguirle más de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos.

Este año hemos de volver la vista atrás para presentarle a nuestro Dios la historia personal y la historia de cada una de las Congregaciones religiosas presentes en nuestra diócesis. Con las debilidades propias de la condición humana, los consagrados nos habéis enseñado a volver cada día el rostro y el corazón al Señor para aprender a amar, a servir y a donar consuelo, orientación y acompañamiento a niños, jóvenes y adultos.

Pero, además de mirar al pasado, vuestro testimonio de entrega a Dios y a los hermanos nos estimula a contemplar el futuro con esperanza. En medio del sufrimiento por la enfermedad o la muerte de tantas personas conocidas y queridas como consecuencia de la pandemia provocada por la Covid-19, el
Señor nos invita a todos a recorrer un nuevo tramo del camino, contando siempre con la promesa de su presencia en medio de nosotros y con la invitación a amar sin condiciones.

El lema elegido para la celebración de esta Jornada, “la vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”, además de recordarnos la vulnerabilidad y los límites del ser humano, evoca la vocación y la misión de los miembros de la vida consagrada en la Iglesia y en la sociedad como testimonio visible de la verdad del Evangelio y de la cercanía del Padre celestial a cada persona.

Al tiempo que doy gracias a Dios por cada uno de vosotros, por vuestras familias religiosas y por la generosa actividad evangelizadora que realizáis en la diócesis, invito a todos los diocesanos a orar por vuestras intenciones. Y, si fuese posible, a participar en la Eucaristía que, Dios mediante, celebraremos el día 2 de febrero, a las 19 horas, en la Concatedral de Guadalajara.

En esta celebración pediremos especialmente al Señor que renueve los propósitos de vuestra consagración y reavive los sentimientos que han inspirado y que deben seguir inspirando en el futuro vuestra entrega generosa al Señor y a los hermanos. Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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