OPINIÓN

29-S una huelga tan inútil como necesaria

Editorial

Miércoles 22 de octubre de 2014
La economía española afronta esta semana, una huelga general sobre la que no existe ningún tipo de consenso, ni en los argumentos a favor ni en los contrarios.

En España existe el derecho a la huelga, pero no existe una Ley de Huelga que regule su funcionamiento, de forma que los preparativos, las negociaciones, los servicios mínimos o las garantías de unos y otros ciudadanos, se defienden sin orden ni concierto.

Fuera de esas disquisiciones y a la vista de que la convocatoria es inmediata e irremediable, lo que una voz sensata se pregunta en esta tesitura es si el momento es o no el adecuado para hacer una huelga. Los sindicatos le advierten al Gobierno de que “Así no” se hacen las cosas. Ese es su lema, a modo de guardianes de la política económica y social del Ejecutivo, más que como defensores de los derechos laborales de los trabajadores. De todos es sabido que se trata de sindicatos de poder, no de afiliación, cuya representatividad ha estado siempre más que en entredicho.

Pero, incluso salvando esa situación endémica de la economía española, una visión objetiva de la situación marca una serie de datos que nos deben hacer pensar. El paro vuelve a ser el problema número uno de los españoles, con más de 4.600.000 españoles apuntados al INEM y, más si cabe, de los castellano-manchegos, en cuyas listas hay registrados casi 200.000 desempleados, una cantidad que crece muy por encima de la media nacional. En Guadalajara había cerca de 20.000 parados a finales de agosto, de los que unos 2.200 son menores de 25 años.

No es un escenario muy halagüeño para andar con huelgas a medias tintas. Pero tampoco dan confianza en el futuro las medidas que desde el Ejecutivo se han ido aplicando para intentar paliar esta situación: rebaja del salario a los funcionarios, congelación de las pensiones, aumento de la edad de jubilación, una reforma laboral que a nadie gusta y que recorta derechos a los trabajadores, dos puntos más de IVA que condenan el consumo y frenan la recuperación económica y una subida de la luz sin fin que recae sobre unos ciudadanos indefensos, que sólo pueden aguantar y aguantar para llegar, como sea, a fin de mes.

El dilema está servido y es trágico: hay motivos para la huelga general, pero es el peor momento para llevarla a cabo. No es una huelga que vaya a defender a los trabajadores, que saben que servirá de poco y temen más el recorte de sueldo al que serán sometidos si secundan el paro y no trabajan el próximo miércoles 29. Tampoco es una huelga que vaya a inquietar a los empresarios, demasiado ocupados en sacar adelante sus negocios, día a día, y poder pagar la nómina a fine de mes, y… sobrevivir. Y de todos es conocido que el Gobierno de España, acuciado por la presión internacional y los mercados que manejan el dinero con el que todo funciona, no puede dar marcha atrás en sus impopulares medidas de ajuste, reducción del déficit y ahorro obligado.

Hemos intentado en nuestras páginas reflejar la opinión de nuestros líderes locales más implicados en esta huelga general sui generis, tan inútil como necesaria, más política que sociolaboral, para intentar, al menos, en el patio propio, tener un poco de luz, por más difícil que esto sea. Y el resultado es que se trata de un dilema prácticamente irresoluble de antemano, cuyos efectos y alcance dirán muchas cosas sobre cómo funcionan en España las cosas, el camino a seguir y el peso político y social que hay que dar a cada cual en este nuestro país. ◆

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