OPINIÓN

Los versos sueltos de Natalia : Sigue lloviendo tras el cristal

Miércoles 04 de noviembre de 2020
El día no se permite amanecer a pesar de que la alarma suena rabiosa, enfadada.

La noche no se deja vencer y lo envuelve todo en una niebla que se disfraza ante tus ojos de sábana blanca y cariñosa.

Retozas en sus brazos húmedos de lluvia otoñal, suave al principio y después salvaje.

A pesar de todo, añoras el aliento cálido del verano, cuando el alba se acompañaba de cantos de pájaros anidados en el alféizar de tu ventana, cuando el sol entraba a raudales invadiendo tu alcoba y tu cara.

El agua de la ducha resbala por tu piel aún impregnada de los altibajos de un duermevela con él. De una pesadilla en la que sigue tejiendo la tela de araña para atraparte sin misericordia, y tú indefensa te dejas querer.

Frotas tu cuerpo con una esponja ya gastada de malos sueños en el amanecer, de soledades que te acuchillan cuando la luz del día se apaga y él aún no ha vuelto, de silencios elegidos porque son mejores que su voz que pronuncia insensateces.

Acaricias tu cuerpo con ella, consolándote por la vida, benévola contigo, pero implacable con tantas otras.

Arrastras tu espalda por el cristal empañado, hasta sentarte en el suelo, y juegas con el agua como cuando eras niña, juegas como cuando empezaste a ser mujer. Pasan segundos, quizás minutos.

Oyes tu nombre cuando te llama. Suena en tu mente como un eco que proviene de lo más hondo del infierno.

Vuelve a sonar muchas veces, pero dejas que se aleje su reclamo con el agua, que caliente se evapora invisible sin que nadie la extrañe, o con la que se cuela por la rendija del sumidero para juntarse con otras tantas miserias que se quieren olvidar.

Fuera sigue lloviendo, las nubes grises ocultan el cielo, la tormenta se embravece.

Pero la observas protegida por la ventana, impasible a sus desmanes, arropada por una toalla que raspa, pero que es bienvenida por tu piel como si fuera un beso, como si una barba fuerte y masculina pero bondadosa recorriera tu cuerpo siempre sediento.



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