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Ruta Jacobea por las tierras castellanas de Guadalajara : De Salmerón a Atienza

Foto : EDUARDO BONILLA
Lunes 30 de diciembre de 2019
Nueve días y 147 kilómetros recorridos para unir estas dos poblaciones de Guadalajara, siguiendo las flechas y conchas amarillas del Camino de Santiago, que partiendo en su origen de Valencia o Alicante, atraviesa tierras levantinas para luego entrar en Cuenca, seguir por Guadalajara y Soria hasta Burgos, donde enlaza con el Camino Francés que lleva hasta Santiago de Compostela.

Dicha ruta, que realizamos la última semana de agosto, comenzaba en Salmerón. Curiosamente coincidimos con el inicio de sus fiestas, por lo que recibimos una doble buena acogida tanto por su alcaldesa como por sus gentes.

Tuvimos la suerte de que nos presentaran a Esteban, que se volcó con nosotros de una manera desinteresada, abriéndonos su casa para todo lo que necesitáramos y siendo un guía del pueblo excepcional. También nos llamó la atención la tienda de Pablo, “un pequeño Rastro en la alcarria”, donde compra y vende de todo con un estilo “vintage”. Imprescindible visitarla.

El albergue, en buen estado (gracias a Fadeta), cobra 5 euros al peregrino, aunque muchas veces no lo cobran. De hecho el bar ayuda a aquellos caminantes que no tienen dinero.

Salimos de Salmerón al despuntar del día camino de Viana de Mondéjar. Seis horas andando con falta de fuentes, pero por una ruta casi llana y con sombras. Se hizo una etapa muy amena. El albergue de Viana, espectacular (gracias al ayuntamiento de Trillo). Comimos en el bar, que está sólo abierto en verano y los fines de semana, por lo que los peregrinos fuera de estas fechas tienen problemas de avituallamiento.

Salimos de Viana de Mondéjar en dirección Cifuentes, pasando por Trillo. Al pasar pronto por esta localidad no pudimos sellar la Compostela. Sería interesante que se pudiera sellar en algún bar, pues lógicamente a las 9 de la mañana no está abierta la Oficina de Turismo. Por eso no pudimos obtener ningún dato en directo sobre el uso y gentes que hacen el camino, así como la implicación del pueblo al mismo. Otra vez será…

Pasamos por Gárgoles de Abajo, donde fuimos atendimos muy amablemente por Almudena (bar el Peñón). Llegamos a Cifuentes y se nos atendió maravillosamente. Pudimos comprobar que están muy implicados con el camino. Nuestra primera parada fue directamente en la piscina, algo que agradecimos enormemente al alcalde. Dicha población cuenta con un albergue en muy buen estado, con sus literas y servicios.

Vimos que el Ayuntamiento está muy implicado también en el camino. Comprobamos que no hay ayuda institucional, que todo corre a cuenta del Ayuntamiento. En la Oficina de Turismo, muy bien atendidos por Luisa, nos contó que hay bastante movimiento de peregrinos, sobre todo extranjeros, en primavera generalmente.

Salimos de Cifuentes camino de Mandayona. Nos toca atravesar el AVE y la Autovía. Etapa larga, pero llana. Hicimos parada en Moranchel y Las Inviernas, donde fuimos a parar al bar para “refrescarnos”. De nuevo muy bien atendidos, sería interesante que tuvieran sello. Seguimos la marcha y llegamos a Mirabueno. Aquí si nos ponen el sello del Ayuntamiento para dejar constancia de nuestro paso. Encantados con el trato en todo momento.

Llegamos Mandayona y otra vez directos a la piscina gracias al Ayuntamiento. Se agradeció un montón pues en esta ruta, aparte de ser larga y llana, “tomamos el sol” a conciencia. Mandayona no cuenta aún con albergue, pero pusieron a nuestra disposición unas colchonetas en el centro social. Es un pueblo muy animado por la noche. A tener en cuenta que en la casa rural hacen descuento a los peregrinos.

La siguiente etapa fue de Mandayona a Sigüenza. Quizás la etapa más bonita “paisajisticamente” hablando, pues se realiza por el Parque Natural Barranco del Río Dulce: Aragosa, La Cabrera y Pelegrina, pueblos con encanto donde no falta el agua. Eso sí, no hay tiendas ni bares para hacer un alto en el camino. Llegamos a Sigüenza, por parte del Ayuntamiento, gracias a su concejal de Turismo, todo fueron facilidades y disposición a ayudarnos en lo que necesitáramos. Aunque vimos que están fuera de juego en este tema, dado que no saben bien la gente que hace el camino, ni tienen información del mismo, ni de albergues. Lástima no poder decir lo mismo de los que nos “atendieron” en la Catedral. Lo que hasta el momento fue todo amabilidad y disponibilidad de todo el mundo, por su parte nos encontramos con un total desinterés. Se dejó constancia que ni colaboran ni están por la labor de potenciar ni ayudar a los peregrinos que hacen el Camino de la Lana. Su máxima preocupación era cobrar por visitar la Catedral. Quizá es que tuvimos mala suerte con quienes nos “atendieron”. De hecho, hasta nos echaron en cara que el camino no pasa por Sigüenza, y es verdad que es una variante, pero está reconocida. Podemos decir que fue la parte negativa de todo el camino. Curioso.

La estancia en Sigüenza la realizamos en el Centro Ecoturismo Albergue Rural Barbatona-Segontia Rural, S.L., aquí os pongo su web: https://barbatona.com/web/ Seguimos al día siguiente camino de Santamera, pasando por el pueblo amurallado de Palazuelos y Las Salinas de la Olmeda. Santamera, pueblo pequeño y muy bien cuidado, no cuenta con albergue, pero si con unas gentes, los ‘hippies’ les llaman, que pusieron todo lo que tienen a nuestra disposición, dando un claro ejemplo de convivencia. Aquí tuvimos la suerte de hablar con Cristina y Matilde, dos personas entusiastas del pueblo
y con un gran conocimiento del mismo. Gracias a ellas conocimos la fascinante historia de estas tierras que merece la pena conocer. Además, junto con otras gentes del pueblo están arreglando la iglesia, pues el Obispado se ha desentendido del tema. Curioso otra vez.

Nos dimos una vuelta por el río Salado, donde vimos a los buitres y constatamos que sus riberas están “sucias” de maleza y matojos tapando por completo el cauce. No lo visitamos, pero está pendiente para ir a ver el “Bosque de la memoria”. La sensación que nos dejó Santamera con su iglesia dedicada a María Magdalena es la de un pueblo místico y con mucho encanto.

A un solo día de terminar nuestra ruta vamos camino de Atienza, pasando por Riofrío del Llano. En Atienza la acogida es igual de amable que en el resto. Nos comentan en la Oficina de Turismo que no suele hacer este camino mucha gente, aunque poco a poco se va viendo más, sobre todo en septiembre y extranjeros. No tienen sello específico, es el del Camino del Cid que es con quienes tienen convenio. Todavía el Camino de la Lana no está suficientemente potenciado. Aquí el albergue son las antiguas escuelas. No están muy bien, pero para una noche es aceptable. Nos han dicho que las quieren
arreglar.

En agosto pasaron haciendo el camino dos holandeses, dos belgas y cuatro franceses, todos muy bien atendidos, como nosotros. En el bar Galy, donde se pone el sello, se come de maravilla y prestan toda ayuda posible.

El camino está bien marcado y fácil de seguir; al hacerlo la última semana de agosto nos encontramos con un tiempo muy apacible y cómodo para realizarlo. A reseñar que dicha ruta no se potencia aún lo suficiente por parte de las instituciones, cayendo casi todo el peso en los ayuntamientos (incluso invitan a los peregrinos que no tienen nada dándoles de comer). Destacar la amabilidad y disponibilidad para ayudar por parte de todo el mundo para quienes hacemos la camino. Destacar también lamentablemente que por todos los pueblos que hemos pasado se ve el problema de la despoblación.

“Medir y dirigir nuestros pasos.

No importa la velocidad, ni lo largo del camino.

Avanzar siempre hasta conseguir nuestro objetivo.”

Fdo.: Eduardo Bonilla Ruiz

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