OPINIÓN

Los versos sueltos de Natalia : Contra viles molinos de viento

Los versos sueltos de Natalia

Martes 30 de abril de 2019
Contra viles molinos de viento

El romper de las olas en sus costas escarpadas esculpe su estampa majestuosa.

El vaivén de las suaves mareas sobre la arena dorada suaviza la exuberancia de sus rasgos.

Se inclina hacia atrás para mirar al cielo, suplicando el perdón para los que, siendo hijos suyos, la desprecian a pesar de sus grandes talentos y conquistas.

Añora épocas pasadas en las que su honor se defendía a golpe de espada manchando su suelo de sangre valiente.

Comienzo y final de países de formas imperfectas y fronteras artificiosas que envidian su voluptuosidad, se ha convertido en una puerta abierta de par en par para desalmados que ni siquiera pagan peaje por acogerlos en su maternal y abundante seno.

Su orgullo se transforma en indolencia e indiferencia después de tanta afrenta, enterrándose olvidado y pisoteado.

Agoniza pero vive.

Si cierras los ojos y escuchas con atención puedes sentir bajo la tierra el latir de su corazón, febril, descompasado, pero caliente como la lava de un volcán adormecido que con una simple señal asciende hasta tocar el cielo.

El viento sopla a su favor y hace ondear sus banderas rojigualdas, tanto tiempo inmovilizadas.

Puedes oír un clamor enmudecido si escuchas atentamente ignorando mentirosas y estridentes verborreas.

Su cielo azul como ninguno sigue a pesar de las nubes negras que se empeñan en ocultar que está más cerca del firmamento que otros.

Pero el subsuelo en el que habita el averno intenta ahogar su corazón resquebrajando la tierra, fragmentándo lo que debía estar unido por mandato divino.

Jinetes a lomos de caballos blancos ondean su bandera recorriéndola de norte a sur, de este a oeste, con el sueño de recomponerla.

Pero la quimera se esfuma como se escapa entre los dedos la fina arena del desierto al intentar atraparla.

Como la espuma de sus mares salvajes huyen cuando mis piernas corren alegres hacia ella.

Aún así jinetes y escuderos persiguen su sueño y siguen luchando contra molinos de viento que fabrican rencor, envidia y odio a mi querida España.

Natalia Sanchidrian Sainz

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