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“Las naciones llorarán”

Un ex toxicómano, que se autoproclama el Anticristo, funda un grupo que augura la destrucción total en siete meses

Miércoles 22 de octubre de 2014
¿Alguna vez soñó con volar, atravesar paredes o prescindir de la comida? Estas son algunas de las promesas que Creciendo en Gracia, un grupo sectario liderado por un ex heroinómano portorriqueño, ofrece a sus seguidores para 2012. En España, cerca de 500 ‘elegidos’ advierten que habrá “ millones de muertos ” y se preparan para convertirse en seres “ inmortales y radiactivos ” . Todos llevan el 666 grabado en la piel. Diana Bonilla es una mujer afortunada. En plena crisis, esta hondureña afincada desde hace diez años en Palma de Mallorca asegura que trabaja sin cobrar. “Mis ángeles se encargan de suplirme todas mis cosas”, explica. A cambio, ella se encarga de difundir el mensaje de Papi, Jesús Hombre, el Anticristo o simplemente Dios. SIGUE

Así se hace llamar su adorado José Luis Miranda, un pastor oriundo de Puerto Rico que estuvo enganchado a la heroína y que hoy, con 65 años y dos divorcios, amasa una auténtica fortuna. “Somos dioses en la tierra” , continúa Diana, una de las representantes de Creciendo en Gracia a este lado del océano. Su amiga y compañera de creencias Liliana Moreno – una colombiana de 36 años que vive en A Coruña– se apresura a declarar que, más allá de las apariencias, no se trata de una secta. Tampoco una religión. “Es un estilo de vida diferente”, apunta. De acuerdo con la versión de su líder, todo comenzó una noche de 1973 en Massachussets (Estados Unidos), donde se le habría presentado Dios. Sin mediar palabra, el Todopoderoso rostro transparente, según su descripción– se le habría metido en el cuerpo. En 1986, Miranda se fue a Miami, fundó su propia congregación y se nombró apóstol, denominación que en 1997 cambiaría por la de Espíritu.

En 2005 aprovechó un congreso en Caracas para proclamarse Jesucristo. En 2007 redobló la apuesta y aseguró que ya no era el hijo de Dios, sino el mismísimo Anticristo. Hoy cuenta con alrededor de 140.000 fieles esparcidos por varios países, especialmente en América Latina. Gracias a las aportaciones económicas de todos ellos, el predicador tiene su propia televisión, varios programas de radio y edita publicaciones que recorren el continente. A tal punto llega su fama que los Gobiernos de Nicaragua, Guatemala y El Salvador resolvieron prohibirle la entrada porque sus actividades constituían una afrenta a la estabilidad social de estos países. Su anhelado desembarco en España –un país considerado clave por su importante porcentaje de inmigrantes latinoamericanos– se produjo en 2005.

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