OPINIÓN

Carta semanal del obispo: “Nuevo curso pastoral”

REDACCION | Martes 12 de septiembre de 2017

La actividad pastoral no ha cesado durante los meses de verano en las distintas comunidades parroquiales de la diócesis. En las zonas rurales, incluso se ha producido un incremento de celebraciones y actividades como consecuencia de la presencia de aquellos hijos del pueblo que, por razones diversas, han tenido que emigrar a otras regiones de España en busca de un futuro mejor para ellos y para sus hijos.

Concluidos los meses estivales, el Señor nos llama y nos invita nuevamente a proseguir el camino y a renovar nuestra vocación de discípulos misioneros, asumiendo con ilusión y esperanza los nuevos retos que nos plantea la realidad. La experiencia del amor de Jesucristo y la fuerza del Espíritu Santo nos apremian a anunciar con ardor renovado el Evangelio de la misericordia y de la reconciliación a todos los hombres.

La convicción de la presencia de Dios en nuestra vida y en la actividad evangelizadora de la Iglesia no puede dejarnos indiferentes. Cuando Dios nos visita, como le sucedió en su día a la Santísima Virgen y a tantos santos, siempre nos pone en movimiento, nos saca de nosotros mismos y nos invita a servir para que gocemos del encuentro con los hermanos y les mostremos el amor de Dios.

La alegría y el amor que nacen y renacen cada día, al descubrir que Dios está con nosotros, nos impulsan a compartirlos con los demás, asumiendo como propias las situaciones de confusión y de sufrimiento por las que pasan muchos hermanos. María, después de la visita del ángel, no se cierra sobre sí misma, sino que sale de prisa a visitar a su prima Isabel, que había concebido en la vejez.

En este camino de salida podemos ir solos o acompañados. Un proverbio africano dice: “Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”. El aislamiento de nuestros semejantes puede favorecer el que vayamos más de prisa, pero el olvido de nuestros compañeros de camino hace imposible el diálogo, no genera esperanza, favorece los distanciamientos estériles y hace imposible la experiencia de la comunión.

La fe en Jesucristo nos ayuda a descubrir que Él ha querido hacerse nuestro compañero de camino y ofreciéndonos su mano amiga para que no tropecemos en el camino. Esta confianza en su presencia en medio de nosotros, en su amor y amistad, tiene que iluminar nuestra fe, levantar nuestra esperanza y animar nuestra caridad en el nuevo curso pastoral y en las actividades pastorales que programemos.

Con el Señor a nuestro lado, en nuestro corazón, y con la luz de su Palabra, aprenderemos a analizar la realidad a evangelizar y a vivir con gozo el encuentro con cada ser humano, sin dejar a nadie tirado en el camino.

Con mi cordial saludo y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara


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