OPINIÓN

Carta semanal del obispo: “Sal de tu tierra”

Martes 11 de octubre de 2016
El papa Juan Pablo II, al meditar sobre la misión evangelizadora de la Iglesia, nos decía a todos los cristianos: “Veo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos”. (Redemptoris missio, 3).

A pesar de este recordatorio del Papa, constatamos que muchos bautizados no acaban de asumir con gozo la responsabilidad de evangelizar. Tienen miedo a que les señalen con el dedo o piensan que el mandato misionero no es para ellos. Consciente de esta realidad, el papa Francisco no cesa de invitar a todos los cristianos a vivir y actuar siempre como discípulos misioneros. La Iglesia se juega su identidad en la salida hasta los confines de la tierra para hacer discípulos de Jesucristo, pues el cristiano y la Iglesia o son misioneros no son nada. Quien ama la propia fe no la guarda para sí. Se preocupa de testimoniarla y ofrecerla a sus semejantes.

En virtud del bautismo, los cristianos somos invitados por el Señor a salir de nosotros mismos y de nuestras comodidades para llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. Y hemos de hacerlo, no sólo porque el Señor nos confía este encargo, sino porque todos los pueblos y todas las culturas tienen derecho a recibir el mensaje de la salvación, que es regalo de Dios para la humanidad.

Los misioneros son el mejor ejemplo de lo que ha de ser la respuesta a la llamada de Dios. Cada uno de ellos, acogiendo con fe la Palabra de Dios en su corazón, ha dejado de mirarse a sí mismo y se ha confiado totalmente al Señor, sabiendo que Él cumple siempre la promesa de estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.

Por fidelidad a Cristo, miles de misioneros –algunos de nuestra diócesis- anuncian hoy el Evangelio con alegría, curan las dolencias de sus hermanos y ponen los medios para su promoción integral. En ocasiones, no dudan en arriesgar la salud y la propia vida para mostrar y ofrecer el amor misericordioso de Dios a sus semejantes y para poner al servicio de ellos los propios talentos.

Como todos sabemos muy bien, para llevar a cabo los proyectos de evangelización y para dar pasos en el desarrollo humano integral de los miembros de sus comunidades, los misioneros solicitan nuestra oración y esperan nuestra colaboración económica. Aunque siempre hemos de tener presentes las necesidades de estos hermanos, que lo han dejado todo para servir a sus semejantes, la Iglesia nos invita a prestarles esta ayuda de un modo especial el día del DOMUND.

Los donativos que se recojan este día en las parroquias, comunidades religiosas, asociaciones de fieles y movimientos apostólicos serán entregados íntegramente para que los misioneros puedan experimentar la comunión y la solidaridad de nuestra Iglesia diocesana. De este modo, podrán contar con los medios espirituales y materiales para seguir evangelizando y haciendo posible el desarrollo humano integral de los hombres y mujeres de sus comunidades.

Que María, modelo misionero de la Iglesia, muestre a todos los hombres el rostro de la misericordia de su Hijo y acompañe con su protección maternal la generosa labor de los misioneros al servicio del Evangelio y de la promoción espiritual, humana y material de tantos hombres y mujeres, a los que aman y se saben enviados.

Con mi sincero afecto, feliz día del DOMUND.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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