OPINIÓN

No tenemos perdón de Dios ni del Papa Francisco

Lord Charles Albert | Lunes 19 de septiembre de 2016

La foto de un niño sirio de 3 años, llamado Aylan Kurdi ahogado y tumbado boca abajo en la playa turca de Bodrum se extendió en pocos minutos por todo el planeta y estremeció al mundo entero, hace ahora un año.

Aylan Kurdi está enterrado junto a su hermano y su madre en Kobane, una ciudad siria destruida por la guerra.

Su trágica historia demuestra el esfuerzo de una familia normal y corriente por sobrevivir y aspirar a una segunda oportunidad. Su padre pagó una gran cantidad de dinero para poderles subir a una embarcación de traficantes. Hasta dos veces lo intentó y en las dos ocasiones la marina turca los devolvió a la costa.

A la tercera… fue la vencida, y esta vez las mareas del canal entre Bodrum y Kos destrozaron la frágil y endeble barcaza.

Desde entonces, más de 7.000 migrantes se han ahogado tratando de llegar a Europa.

El drama de los refugiados es, en la actualidad, la mayor crisis de emergencia humanitaria a la que se enfrenta Europa.

Hoy hay en el mundo casi 23 millones de refugiados y desplazados más que hace sólo 20 años, uno de cada seis refugiados o desplazados forzosos del mundo es sirio.

Según la Europol, al menos 10.000 niños refugiados, que viajaban solos, habrían desaparecido nada más llegar a Europa. Cinco mil niños no acompañados escaparon de la supervisión de las autoridades y quedaron a merced de una "infraestructura criminal paneuropea", una organización criminal muy sofisticada que ha fijado su objetivo en… los niños refugiados.

Europa, y las instituciones europeas, no puede ser ajena al drama humanitario que está llamando a sus puertas en Grecia y Turquía.

Europa no puede despachar este asunto con un insuficiente Pacto de Reasentamiento interno de los refugiados llegados al continente, quitándose el problema de encima con un vergonzoso Acuerdo de Reenvío a la inestable y peligrosa Turquía. Actualmente, del cupo de refugiados comprometidos por Europa, solo se han acogido un ridículo 6%.

Los insensibles países europeos temen el ascenso de los partidos ultras y xenófobos (como el reciente sorpasso de la formación populista de derechas Alternativa para Alemania a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel) y desconfían de la acogida de refugiados de cultura islámica, tras los últimos y brutales atentados yihadistas.

Los líderes europeos no pueden permanecer impasibles ante este drama humanitario. No pueden justificarse arguyendo, al igual que el abogado nazi Servatius, defensor de los acusados en los juicios de Nuremberg, que se sabía y era por todos conocido que había leyes contra los judíos, pero… “nadie conocía la verdadera magnitud” del holocausto.

El papa Francisco con su visita a la isla de Lesbos, volvió a poner el foco mundial sobre “el mayor drama humanitario al que se enfrenta el planeta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Estamos en realidad en una de las muchas cárceles de la vergüenza (la isla de Lebos) diseminadas en distintos puntos del sur de Europa en las que se hacinan miles de refugiados que han huido de las guerras.

Francisco (Bergoglio, “el del lío”), sin pelos en la lengua, recriminó la actitud de las autoridades europeas y clamó indignado por el trato que están recibiendo los migrantes en Europa.

Pero Europa mira hacia otro lado. El papa Francisco, por su parte, hace lo que puede y acaba de crear un “Dicasterio del Desarrollo Humanitario”, una especie de ministerio dentro de la Iglesia. El propio Francisco estará al frente "ad tempus" -por el tiempo necesario- del nuevo dicasterio, que se ocupará específicamente de lo que concierne a los refugiados, los migrantes y las víctimas de los conflictos armados, dejando claro, “la voluntad del Pontífice de ocuparse de forma personal del tema de los refugiados”.

Estamos hablando de un drama de millones de personas que huyen de la guerra. Y ello exige solidaridad, recursos económicos y materiales, y voluntad política. Europa está obligada a actuar "de un modo digno", como señala el Papa.

Por eso, si no hacemos nada, no creo que tengamos perdón…de Dios, ni del papa Francisco.

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